DEMOLICIÓN

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Inauguración de temporada en el carismático teatro municipal Rosalía de Castro con estreno de “Demolición”, comidrama de Cándido Pazó. Dos representaciones. Ciclo principal. Buena entrada. Dirección también del autor vigués que disecciona un problema urbanístico, derribo de inmueble en ejecución de sentencia judicial. Discreta escenografía donde sobresale el poste eléctrico plantado en un solar donde crecen hierbajos, enredaderas, piedras y desechos de construcción.
Obra sobredimensionada. Frívola. Diálogos artificiosos. Frases que no se creen los interlocutores. Hay, sin embargo, ponderación, buena técnica teatral, tiempo de encuentro; pero falta lo más esencial: pasión, turbación locura escénica. A lo largo del espectáculo no pasa nada. Los mismos actores reclaman acción y permanecen inmóviles y bien podrían charlar en un café o en un banco del parque. Falta comunicación al producto ofrecido por Talía Teatro quizás porque las palabras no se escuchan con claridad. Y si el arte dramático no se oye...
Los actores Toño Casais y Artur Trillo –hecha salvedad de sus interlocuciones con el público– encarnan personajes que se pierden en disquisiciones filosóficas y hervores absurdos. Tal la aportación de un coprotagonista, “cuando yo esté aquí, la muerte no estará y cuando esté la muerte no estaré yo”. Terror ridículo. Sufrimiento inútil. Estoicismo delirante. Paciencia ilógica. Son personajes telemáticos de Samuel Beckett, acongojados por un fracaso colectivo que rueda al fondo del abismo. Esperan a Godot, a la nostalgia fallida, a la angustia existencial... Nosotros, por contra, creemos en esa prolífica mayoría silenciosa que enfunda esperanza y coraje como armas decisivas para cumplir el hermoso destino vital de esa criatura que hemos dado en llamar hombre.

DEMOLICIÓN