GASTRONOMÍA NAVIDEÑA

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Se quejan las placeras de recibir menos encargos de mariscos para las próximas fiestas navideñas. Igual sucede con los hosteleros y sus comidas de empresa. Si echamos mano a bares, tascas y cafeterías las fiestorras con los colegas han pasado a mejor vida. Tiempos de crisis donde se cumple inexorable la ley de bronce de salarios. Porque los hogares coruñeses asimismo son sacudidos en sus ilusiones de nueces evaporadas antes de rozar el suelo. Y no te digo nada si acudimos a Cáritas, Cocina Económica, Padre Rubinos, ONG y otras entidades benéficas endeudadas hasta las cejas por compromisos de socorrer a pobres vergonzantes, matrimonios en apuros, emigrantes sin papeles y marginados múltiples.
Nochebuena y Navidad, sin embargo, atraen como polos irresistibles en el momento de compartir mesa y mantel con parientes agnados, políticos y demás invitados. Horas de vacas flacas, recortes y privaciones que han servido a muchos sinvergüenzas para enriquecerse con la corrupción aprovechando sacrificios ajenos. Incluidas las centrales sindicales, con presencia constante en la calle, fomentando huelgas salvajes y protestando siempre, mientras robaban pan y dinero a los propios obreros suyos, a los que representan y protegen. Tan es así que la vieja canción reivindicadora “a las barricadas” ha sido sustituida en twitter por “a las mariscadas”. Gastos desaforados. Apropiaciones indebidas. Contabilidades dobles. Hacer la puñeta a los ciudadanos de a pie. Insultarlos.
Para las fiestas próximas Don Quijote recomienda mesura en el comer y el cenar, pues en la oficina del estómago se ventila la buena salud. La libertad y la bebida exigen equilibrio. Se trata de restaurar  fuerzas y no recargarlas. Pues la gastronomía atiende a la situación, lugar y tiempo donde se encuentra uno. Nos lo recuerda Vélez de Guevara: “La perfecta hora de comer es, para el rico, cuando tiene gana; y para el pobre, cuando tiene de qué”.

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