SUCEDÁNEOS

|

Ala vista de cuanto oigo, compruebo, veo y leo ya no sé cuál es mi carta en la partida de naipes de mi vida. Tiemblan mis estructuras formativas y se abren en peligrosísimas grietas. Jueces que no son magistrados sino políticos, hombres consagrados a la función pública que abjuran de gobernar y se hacen “tancredistas económicus”, instituciones libres antaño –de ahí el fuero que protegía su independencia– ahora sectarias y radicales… Saltan ejemplos diáfanos: magistrados reducidos a tragaperras ordenadores; políticos que desdeñan ejercer la más alta tarea de servir al pueblo a cambio de ventajas personales; universidades creadas para impartir conocimiento, formación y cultura coaccionados por chulescos matones.
Desgraciadamente ignoro dónde estoy. Dadas las contradicciones que me condicionan dudo si he nacido del amor entre un hombre y una mujer o soy producto onanista. Simple masturbación mental huida por un desagüe de alcantarilla ilógico. Jamás el fin debería justificar los medios para alcanzarlo. Tampoco debemos caer en el relativismo de aceptar material pitanza, pues fue dicho no solo de pan vive el hombre y hay otras necesidades: familia, amor, amistad, trabajo, vocación, esfuerzo, alegrías, fiestas, tristezas, ilusiones y esperanzas.
Valga como botón de muestra de tanto sucedáneo ejemplos coruñeses coincidentes. Así, en el estadio de Riazor, desde hace muchos años un iluminado blande al viento un trapo con la efigie de Che Guevara y en el municipio de Oleiros, su inefable alcalde Gelo, ha alzado una escultura de semejante terrorista –¡gran benefactor de la humanidad!– en una rotonda glamurosa. Estos detalles desconciertan al ciudadano: jueces que no aplican justicia, políticos que no hacen política, universidades que renuncian a su misión académica e imponen totalitaria disciplina comunista.

SUCEDÁNEOS