Las mordazas censoras

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El Gran Inquisidor del que habla Dostowieski en “Los hermanos Karamazov” ha huido de sus páginas colándose rabioso, montaraz e histérico en nuestras tierras orientales. Justamente son minorías que quieren hacerse mayorías respecto al resto de los españoles. Vientos catalanes y vascos azuzan el imperativo categórico de imponer ramplona voluntad a los demás. Políticos que desde su esfera regional intentan plasmar creencias ecuménicas.
A tal sentimiento nos llevan de la mano los separatistas. Religión convertida en Estado o Estado transformado en religión. La primera se logró con la Iglesia de Roma, dejándose sobornar por el poder; aquí, en la casa de todos, dejándonos embaucar por las sirenas secesionistas que nos arrastran contra las rocas del acantilado. Ahí está el falaz, cruel y esperpéntico inquisidor.
De esa manera estos iluminados afirman sin el más mínimo rubor que ellos son el Gobierno y dictan las normas de convivencia sin que nadie pueda contradecirlos. Están en posesión de la verdad y utilizan mordazas variadas imponiendo una férrea censura tanto a nivel periodístico como individual o colectivo.
Únicamente la verdad para quienes ostentan el poder. La otra se evapora. El silencio opresivo se impone a las conciencias. Bazofia utilizada a nivel patriótico como plato de lentejas. El secesionismo convertido en arte de gobierno monstruoso para distraer a los ciudadanos.
Late mucho transformismo y mucha ordalía en la manera de actuar tanto de algunos políticos como de sus dogmáticos asesores. Hay que legislar para la mayoría aunque seamos minoría. Es la paradoja entre lo legislado y lo pactado. O cuando la sentencia condenatoria es aceptada gozosamente por el reo…
Desde similar planteamiento, señalar “La Biblia” código penal del pueblo hebreo y los Evangelios como justicia de amor dictada por Jesús de Nazaret a los judíos que lo crucificaron y los gentiles…
¿Un horizonte de silencios está gritando tiranía?

Las mordazas censoras