El corte moderno de Vítor Mejuto

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La galería Monty4 ofrece la obra de Vítor Mejuto (Barcelona, 1969) “ El corte moderno”, título que es, a la vez, un homenaje a un modo noble de artesanía: el oficio de sastre (personificado, en este caso, por José Luis Iglesias, el último ilustre representante de Sastrería Iglesias) y alusión metafórica al planteamiento estético que nació con las vanguardias geométricas, como el constructivismo, el neoplasticismo o el suprematismo.
De algún modo, el viejo oficio, basado en el diseño de patrones geométricos para prendas que debían adaptarse al cuerpo humano, era un antecedente de estas tendencias que buscaban una pintura genuina que no enmascarase el soporte bidimensional con falsas perspectivas. Pero a nadie –creo– salvo a Vítor Mejuto se le ocurrió la idea de relacionarlas, lo cual tiene el mérito de reivindicar el oficio de maestro sastre como artista y de hacer del pintor un artesano.
Ya en un extra de La Voz de Galicia de 2011 hace una apasionada loa de esta sastrería “uno de los últimos reductos de la elegancia pura” -dice- y de este sastre-músico, (Willy, para los amigos) a quien visita a punto de jubilarse y, viéndole realizar patrones de papel, le surge la idea de los cuadros que ahora expone.
En ellos, el protagonismo básico pertenece al plano o estructura bidimensional sobre la que se pinta, luego viene el trazar otros planos, que son como abatimientos arquitectónicos armoniosamente relacionados, a veces superpuestos buscando siempre un delicado equilibrio basado en la perfecta conjugación de las formas y el color. Estructura, ritmo y color se aúnan en una abierta combinación de líneas rectas y curvas; de este modo, la tarea humana de crear y diseñar objetos que no están en la naturaleza, sean chaquetas, pantalones o cuadros no deja de tener presente que lo hace para algo orgánico : el cuerpo humano, en el caso de un traje de sastre, o la vista humana que contempla la obra, en el caso de un cuadro.
Los “patrones” de Vítor Mejuto son formas inventadas, pero se basan en fragmentos de realidad : una hoja, un sol, la pernera de un pantalón, un verde paisaje tal vez, pero todo ello reducido a esquemas que se relacionan en una inacabable arte combinatoria, donde mandan las puras geometrías cromáticas. Recordamos su anterior exposición en la galería Atlántica que había titulado “El camino de vuelta” y en la que habíamos percibido esa emoción superior que no nace del sentimentalismo , sino de la contemplación de la belleza; dijimos entonces y tal vez debemos repetirlo que es semejante a la que nos produce un jardín zen, la música de Eric Satie o una vidriera gótica; añadimos ahora que, además, es el asombro, la pericia, el bien hacer, la prodigiosa habilidad del maestro artesano para diseñar y construir con sus manos obras que ennoblecen la condición humana.

El corte moderno de Vítor Mejuto