Un ladrido con gracia

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A César Luena no lo conocía nadie cuando Pedro “La Sonrisa” Sánchez lo adoptó como perro de presa y lo nombró secretario de Organización. A los dos días, sin embargo, ya lo conocía todo el mundo gracias a su oferta de montar una pasantía para dar clases de democracia interna a todos los partidos. Los críticos teatrales estaban asombrados de sus dotes para la comedia y se lamentaban de que hubiese preferido la política a las tablas. Otro tanto ocurría con José Luis Ábalos, un perfecto desconocido hasta que Sánchez lo puso al frente de la jauría. A partir de entonces inició una brillante carrera, propia de una estrella del canódromo. Los críticos vuelven a lamentar lo desaprovechada que está su vis cómica. En pocas horas anunció que el presidente del Gobierno no convocará elecciones “aunque solo sea por no darle el gusto a la derecha” y arremetió contra “la España casposa” en la que todos tienen que ser “toreros o cazadores”. Vis cómica tendrá, pero es un desagradecido, porque Heliodoro Ábalos “Carbonerito”, un prometedor novillero de los años treinta, era su padre.

Un ladrido con gracia