De doña Justicia y su venda

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eso ¿por qué lleva una venda? Ya saben que el símbolo que la representa es una figura femenina con una venda que le impide la visión para dar a entender que si no ve no distingue entre las perdonas. 
Por ejemplo  si no ve no sabe si el acusado tiene corbata y rolex o es un pobre con la camisa rota. O si es un expresidente o el portero del ministerio. La balanza dicen que fue un invento de los griegos y algunos eruditos suponen que es para separar el grano de la arena pero no sé cómo puede saberlo si lleva los ojos vendados. 
En cuanto a la espada es la referencia a las fuerzas armadas –la policía, los guardias en general– que están al servicio de la justicia. 
Aquí la verdad el asunto se complica pues a  nosotros nos cuentan que hay una policía que no le entrega papeles a los jueces para proteger a los malos y un comisario jubilado que relata que “tuvo que hacer maldades para salvarle el culo al Barbas que, como ya sabe toda España, es el cariñoso mote que tenía entre las cloacas del Estado el señor Rajoy. Villarejo, que da para una serie o cinco películas de malos, alardea de hacer trabajo sucio para Mariano y el PP –hay grabaciones que hemos oído todos cientos de veces– con el fin de tapar todas las ilegalidades del partido, ay, de Casado y cia.   
La cruda realidad es que el Poder Judicial en funciones –lleva caducado y ya huele- perpetúa en el Supremo el reparto de la era Rajoy. Y la mejor demostración se explica sola: el único magistrado que pidió la absolución del PP en el caso Gürtel, es el nuevo miembro de la Sala de la Penal que sigue manteniendo la mayoría  conservadora. Este señor fue el único juez del tribunal que se opuso a que Rajoy fuera llamado como testigo en el caso Gürtel.
La llegada de este señor al Tribunal Supremo es el claro ejemplo del  funcionamiento de los nombramientos clave. Y es la prueba del algodón para entender por qué el PP, si pierde las elecciones y está en la oposición bloquea los nombramientos –el relevo del tantas veces citado el Poder Judicial- hasta conseguir meter mano –no ya solo en la caja– en las instituciones del Estado.
Y ahora a usted y a mí, amigo lector, nos piden que acatemos las decisiones judiciales. Como diría Mafalda: parar esto que yo me bajo. 

De doña Justicia y su venda