Luchas intestinas

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Como en cualquier otra formación. Podemos no es aséptica a las luchas de poder ni a las imposiciones de unos sobre otros propias de toda familia política. Los viejos vicios, o dicho de otra manera, las cuotas de poder y mando, autocracia y liderazgo a costa de otros, se heredan, se copian, se mimetizan. El laboratorio de ideas de una facultad dista mucho de la realidad diaria. Son nuevos, pero aparentan haber estado y estar mucho tiempo ya. La coreografía es mediocre y el proscenio abunda de actores terciarios, ni siquiera secundarios. Guerra abierta entre Iglesias y Errejón. Dos almas distintas. Dos formas diametralmente opuestas.
Las luchas cainitas son latentes. Las aparcaron hace unos meses en plena ebullición y roce entre ambos. Fueron y serán segundos espadas los que libraron y libran la batalla, mientras entre bambalinas ejercerán su influencia y poder los número uno y dos. La situación en Madrid es caótica. La fulminación de la mano derecha de Errejón hace unos meses no se olvida. La errática y soberbia campaña de Iglesias en junio con una negativa manifiesta de Errejón a pactar con IU ha dado la razón a este último.
 A partir de ahí, dilución, desaparición de escena. No están. No sabemos si se les esperan o esperará. Todo puede pasar, pero la sensación es que la oportunidad se ha perdido. La arrogancia de marzo se ha cobrado un alto tributo. Lo saben en la cúpula donde los círculos y confluencias no son. Si bien es verdad que nadie echa de menos el griterío y anterior. Demasiado teatro y arrogancia arrojaron escasos réditos.
Podemos ha tocado techo. La caída y el reequilibrio es cuestión de tiempo. El desánimo y la desmovilización, como también el desencanto les afectará. Madrid no era una batalla cualquiera. Es el reducto donde todo comenzó.
 La fuerza magnética para estos profesores que saben que no serán por mucho tiempo capaces de aglutinar y menos liderar las confluencias autonómicas. Lo visto en Galicia de cara a una formación in extremis y de interés para confluir a las autonómicas es síntoma de que no controlan ni gozan ya de toda la simpatía en formaciones que nacieron al calor de la protesta y atrapados por la nebulosa inicial de Podemos. Todo eso se está evaporando, en parte por la inercia de la vida política y el centralismo de la propia formación, que predica una cosa y hace la contraria. 

El divorcio en la dirección es claro, asintomático de puertas hacia fuera, cruel internamente. El discípulo mata al maestro. Siempre ha sido así. Crecieron muy deprisa, demasiado, sin tener un proyecto siquiera enhebrado. Y tienen los mismos problemas, defectos y fallas que aquellos que tildaban de casta. El ricino que están bebiendo no es amargo. Solo es cuestión de tiempo. Los emergentes han decepcionado tan aprisa como cautivaron con su frescura inicial, caduca hoy cuando no sorpresiva por sus pendulares movimientos. Hay que ser serios si se quiere que a uno lo tomen por serio.
 Cinco meses y medio después de las elecciones generales el invierno llega Podemos. Y son y serán unas cuantas las batallas que han de librar ante un determinante quizás, comienzo de 2017. Asaltar los cielos tiene un desgaste cuando se fía todo al capricho y la vehemencia, la soberbia y la arrogancia. Pero no todos se dejan engañar todo el tiempo. Los Maestre, Tania Sánchez, y Espinar siguen librando una batalla donde los mariscales serán otros. Entre bambalinas Echeniques y demás preparan los planos de un guerra total. Y ésta sí dejará primero heridas, después, secuelas.

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