EL EVANGELIO EN LA ACTUALIDAD

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Los excluidos no son “explotados sino desechos, sobrantes, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos. La cultura del bienestar nos anestesia”. Valientes palabras, que pronuncia el papa Francisco en su exhortación apostólica, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Para cualquier cristino y católico, como es mi caso, es un motivo de orgullo y satisfacción que el nuevo papa diga lo que siempre pensamos muchos fieles.
Reflexiones contundentes que pueden rasgar las vestiduras de muchos responsables políticos, financieros y grandes multinacionales y que muchos fieles laicos estábamos esperando con ilusión. Dice el papa: “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. Una nueva tiranía invisible impone de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas a través de una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta. El afán de poder y de tener no conoce límites”.
El papa se permite la licencia de dar un consejo y anima “a los expertos financieros y a los gobernantes a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”.  Este documento papal es buena señal, parece que con ello se quiere volver a revivir la alegría del Evangelio y el ideal de las primeras comunidades cristinas, donde los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma.

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