LOS OLVIDOS POLÍTICOS

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Aquello de que la mujer del César además de honrada tiene que parecerlo, es una profunda estupidez. La frase en cuestión se utiliza con frecuencia para explicar que los políticos no solo deben llevar una vida intachable, sino que además debe parecer que la llevan. El problema es que muchos se quedan solo con esta segunda parte y se limitan a intentar ocultar sus chanchullos haciendo gala de una imaginación que, en ocasiones, resulta apabullante. La situación es tan sangrante que, según los sesudos informes del CIS, para la gran mayoría de los españoles, político y chorizo son sinónimos y hasta los propios partidos parecen haberlo asumido y procuran no hacer mucha sangre cada vez que salta un caso en el lado contrario por aquello de las vigas y las pajas en los ojos.

Sin embargo, en este panorama de tolerancia más o menos encubierta a la prevaricación y el cohecho, el PP de Rajoy quiso tirar la primera piedra y puso, negro sobre blanco en sus estatutos, la norma de que cualquier imputado debe dejar todos sus cargos, es decir, se le inmola en aras de la higiene política.

La casuística a aplicar es tan extensa  que resulta imposible aclarar el futuro del regidor compostelano más allá de la decisión que tome el propio Feijóo

 

Así, Camps, Costa, Matas y otros muchos pasaron a mejor vida política. El problema surge cuando, por ejemplo, tras una ruidosa imputación, el juez decide al final que de las acusaciones, nada de nada. Eso es lo que le pasó a Javier Escribano, que vio truncada su brillante carrera, que ya le había llevado a ocupar plaza en el pazo do Hórreo, a cuenta de una supuesta mediación para algo con unas arenas holandesas y contaminadas y por un Porsche (de los de cuatro ruedas), de origen poco claro.

Ahora el juez archiva su causa y él se queda compuesto, pero sin escaño. Enfrente, Conde Roa. El verso libre del Partido Popular de Galicia, que lo mismo se enfunda un traje tradicional de gallego para una recepción que se lía a insultos con un operario de iluminación en una obra de teatro.

El sorpresivo y sorprendente alcalde compostelano acaba de ser imputado por olvidarse de entregar a Hacienda (esa que somos cada vez menos) 300.000 euros de nada.

Con los estatutos en la mano, Conde Roa tiene que dimitir. Con el ejemplo de lo acontecido con Escribano, tal vez, los populares harían bien en ser un poco más prudentes, sobre todo porque la renuncia del alcalde no tendría vuelta atrás. Eso sí, siguiendo el método aplicado, por ejemplo, a Pablo Cobián, tendría que renunciar, pero si se aplica lo que hacen el resto de partidos, debería de seguir en el cargo...

La casuística a aplicar es tan extensa que resulta imposible aclarar el futuro del regidor compostelano más allá de la decisión que tomen el propio Feijóo y sus allegados más allegados, que, al fin y al cabo, son los que tienen la última palabra. Aunque, eso sí, queda muy feo ser político y andarte olvidando de que el dinero que se cobra por el IVA hay que devolverlo, aunque se haga sin querer.

LOS OLVIDOS POLÍTICOS