Cámara bajuna

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Lo ocurrido en el Parlamento español el jueves de la mano del histriónico Rufián y sus compañeros de partido no puede sustanciarse como una anécdota más en el templo de la democracia. Solo se recuerdan estas actitudes en el Parlamento en los tiempos previos al enfrentamiento civil que sufrieron nuestros antepasados. España cuenta con sus tres instituciones más destacadas en las teorías de Montesquieu en su peor momento desde la vuelta de la democracia. 
El Ejecutivo bajo la presión de haber llegado al poder sin pasar por las urnas y con el deshonor de haber sido apoyado por restos de ETA y por los independentistas que hace unos días insultaban y menospreciaban a un ministro del gobierno no puede aportar la serenidad y la estabilidad exigible al ejecutivo. El Poder Judicial tocado por el lío de la renovación del Consejo General del Poder Judicial y empeorado por las filtraciones y los whats interesados que se cobraron la dimisión del presidente aún no electo de dicho órgano y finalmente la vergüenza vivida por el legislativo en una cámara que, ahora sí, podemos llamar la Cámara Baja porque “bajuno” es el tono de sus señorías en sus intervenciones. 
Tres poderes debilitados en un país que lo que necesita son fortalezas es un balance demoledor al evaluar la salud de nuestra democracia. Lo más indignante es que, como bien escribía hace unos días Manuel Vicent en su artículo “Líderes “, todo esto ocurre en un país, el nuestro, en el que la sociedad civil demuestra cada día una altura de miras que nuestros políticos no están teniendo. Somos el país líder en donaciones y trasplantes de órganos, en fecundación asistida, en sistema de detección precoz del cáncer, en sanidad universal garantizada, en energía eólica y en un montón de facetas que debieran hacernos sentir orgullosos de lo que somos. 
Pues no, en este país se ignora a los héroes anónimos y meritorios para hacer de un tal Rufián un referente parlamentario y no hay medio de comunicación que no se apresure a amplificar las payasadas y los despropósitos de este indigno personaje. Entre todos lo han hecho un líder social en su tierra y más allá, porque quiero que sepan que las turbas independentistas que lo apoyan se sienten orgullosas de el y traducen sus numeritos como gestas contra el Estado y aquí está la clave del inmenso error que estamos cometiendo que no es otro que darles pábulo a aquellos que solo quieren destruir lo que entre todos hemos construido que no es otra cosa que un Estado democrático de derecho que se desvanece ante la perplejidad de un pueblo desconcertado y al paso que marcan los antiespañoles beneficiándose de las bondades, quizá ingenuidades, de nuestro sistema. 
Dónde están los estadistas que necesitamos, herederos de grandes políticos que sumaron con compromiso y entrega para firmar la Constitución del 78, dónde está la concordia que abrigó el nacimiento de nuestro texto constitucional, donde la mesura y el talento que nos han dado el periodo de paz y democracia más longevo de nuestra historia. No sé dónde está todo eso, pero sí sé dónde están los tabernarios agitadores que desde la impostura luchan por acabar con todo a cambio de nada: en la Cámara “bajuna”

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