Blanco y en botella

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Italia, principios del S.XX. En una ciudad de 75.000 habitantes situada en su parte noroccidental, comienza una nueva campaña electoral. La coalición de centro derecha celebra su pegada electoral en una plaza situada en la zona vieja. Por su parte, la gran coalición de izquierdas opta por un Hotel en la zona nueva de expansión urbana. Se aproximan las 00.00 horas del primer día, en el que según la Ley electoral transalpina, está permitido pedir expresamente el voto. Los simpatizantes izquierdistas acuden en torno a las 23.00 horas al referido local. Fueron avisados por sus dirigentes para evitar coincidencias con un grupo violento que venía operando en la región en los últimos años.

A la hora en punto, la derecha democrática dio inicio a su acto de campaña sin problema alguno. Nadie los molestó. Sin embargo a esa misma hora, los simpatizantes izquierdistas vieron vulnerados sus derechos constitucionales. Cerca de 300 camisas negras, la fuerza de élite mussoliniana, se reunieron en las inmediaciones del hotel impidiendo la entrada y salida de nadie. Arrojaron una gran cantidad de huevos y piedras sobre las ventanas y cristaleras del primer piso del edificio, precisamente donde los socialistas y comunistas celebraban conjunta y pacíficamente su reunión política. Varios cristales se rompieron.

A la par, los “fasci Italiani di Combattimento” arrojaron material pirotécnico de significativa potencia, en su lenguaje ultra “simples petarditos”. El acto electoral se vio gravemente alterado. No pudieron intervenir la totalidad de los candidatos, y los que pudieron, vieron recortado la duración de sus discursos al ser interrumpidos por el alboroto exterior. Los principales líderes progresistas salieron a la calle protegidos por los carabinieri, pues los violentos los estaban esperando en el exterior. El resto de afiliados y simpatizantes tardaron casi dos horas en poder salir. Algunos de ellos fueron lesionados, todos ellos injuriados e insultados. Había odio en la cara del Fascio. Al día siguiente, los portavoces del partido de Centro Derecha culpabilizaron de la violencia al líder socialista, a la sazón Alcalde de la población, por haber utilizado la fuerza represiva de 9 carabinieri contra 300 pobres e inocentes “squadristas”.

 

Blanco y en botella