Deméritos del emérito

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Usar dinero fácil por ser dinero regalado por otros. Disparar con pólvora de rey. Nunca pensé que semejante figura retórica se volvería contra el propio rey. El llamado “emérito” en este caso. Le viene pintiparada a los deméritos de Juan Carlos de Borbón, empapelado en diversos dispendios por cuenta ajena. El más reciente nos remite al uso de una tarjeta de crédito alimentada por un conocido empresario mexicano que se confiesa amigo y admirador del que fuera rey de España.

Como en el resto de los casos que le afectan, se impone la necesidad de distinguir entre el personaje y la institución, obra política y conducta personal, entre padre e hijo. Siempre, la frontera entre lo público y lo privado. Pero, por muchas vueltas que le demos, la privacidad también estará siempre limitada en un personaje público. Esa ineludible premisa cursa como condición previa al rastreo más o menos intencionado de los dimes y diretes de estos días en relación con la figura del emérito.

Me explico. Hay asuntos de estricto ámbito privado en los que no se puede ni se debe entrar, como escribí en mi comentario anterior (“El Tridente subversivo”). Por ejemplo, si se mete el dedo en la nariz mientras medita o si se acuesta con no sé quién. Pero no es de ámbito privado gastarse en privado dineros públicos o dineros debidos a la condición pública de su figura.

En la perspectiva institucional (no la familiar, que aquí no viene al caso) sí considero imprescindible separar nítidamente la figura de don Juan Carlos de la del actual rey, Felipe VI. “El hijo no llevará la iniquidad de su padre, porque el hijo hizo justicia y guardó mis ordenanzas”, escribió el poeta Daniel para recordar a los guardianes de las esencias que el hijo no tiene por qué pagar los pecados del padre.

Pie en pared para impedir la pegajosa sensación de que la reprobable conducta personal del padre puede tumbar al hijo. Dos perfiles diferenciados, dos personalidades muy diferentes y la capacidad de la sociedad para distinguirlas. Pero pie en pared también para impedir que la conducta del padre se utilice para tumbar a la institución o borrar la histórica página protagonizada por Juan Carlos como motor del advenimiento de la democracia a España tras una larga dictadura.

Gracias a esa democracia que el rey contribuyó a traer, en cuyo sistema la Monarquía es pieza institucional clave, el vigente aforamiento de don Juan Carlos no le exime de ser juzgado si en los diversos procesos indagatorios puestos en marcha se detectan indicios delictivos que pudieron cometerse una vez perdida la inviolabilidad en junio de 2014.

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