Por qué

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Es la lógica pregunta que estos días le ha faltado a Pedro Sánchez autoformularse: por qué si después de haberlo intentado todo y de haber hecho todo lo imposible, como él mismo ha reiterado, se ha llegado a donde estamos; esto es, al fracaso de su segundo intento de  investidura y a la víspera de la convocatoria formal de elecciones.

En tal situación lo normal y razonable es  que uno  mismo esboce cierta autocrítica y se plantee si él no habrá tenido alguna responsabilidad en desastre. Pero no es el caso. Para el primero candidato y luego aspirante sin más Pedro Sánchez  la culpa es toda y sólo de los demás. El victimismo de siempre.

Puro teatro. Porque visto el proceso desde una  perspectiva  temporal, Sánchez tiene hoy lo que buscó si no desde el minuto uno de la noche electoral del 28 de abril último, sí después de su fallida investidura de finales de julio: nuevas elecciones, consciente de que con 123 escaños muy lejos no podía ir en su íntimo deseo de gobernar en solitario y con plenos poderes. 

De otra manera no se entiende  la deliberada pasividad  de los  últimos meses;  su esperar a ver cómo resultaban las autonómicas y locales; su retraso en someterse a la primera votación de investidura, que habría de marcar otros plazos constitucionales; su dejar correr el tiempo sin tomar la más mínima iniciativa  sincera y viable para desbloquear la situación; su ir lanzando anzuelos sin cebo; su  marear la perdiz en inútiles encuentros con distintos grupos sociales afines para aparentar como que hacía. 

Y eso, sí: paseando su gentil figura por los foros internacionales y ocupando portadas periodísticas con cuidadas imágenes de estudio.  Sondeos y encuestas internas le han ido reafirmando en el derrotero preferido.  Bien se sabe que tenacidad y  resistencia son  sus principales armas políticas y que con ellas como motor ganó, casi desahuciado, las primarias  del partido y consiguió más tarde la defenestración de Rajoy.  

La verdad es también que se le ha dejado hacer bastante. La presión política del resto del arco parlamentario  ha sido débil, como si a todos los partidos, por unos u otros motivos, tampoco les viniera mal repetir elecciones. Y los grandes medios y agencias informativas se han limitado en general a recoger acríticos las boutades sin cuento esparcidas por Sánchez y su entorno político, que amén de repetitivas han constituido auténticas ofensas a la inteligencia y a los más elementales manuales del Derecho constitucional. 

¿Volverá a repetirse el 10-N el panorama de  finales de abril?  Pablo Casado ha comentado y no sin razón que lo peor que `puede suceder es que en la nueva convocatoria electoral todo le salga gratis a Sánchez. Sea como fuere, lo probable es que entre unas cosas y otras  hasta febrero/marzo del año que viene no haya  Gobierno. Otro año perdido.

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