En capilla

¡Por favor! Tiemblo y me llena de tristeza e destino aciago del mejor banco existente hoy día en la Coraza del Orzán. Un banco central, exagonal, con brisa gratificantes por todos los lados y sol espléndido, ruboroso y carmesí, acariciando los rostros y cuerpos de quienes nos sentábamos allí. Es el lugar más codiciado, el más apetecido, el más envidiado. Sus seis asientos de madera siempre están listos para recibir al vecino coruñés o visitante innominado. Ancianos, amigos, matrimonios, novios, chicas y chicos han impregnado con ósmosis conmovedoras las historias suyas: Amarguras y alegrías, preocupaciones y frivolidades, miedos y esperanzas.

Una nueva remodelación de la Coraza, con ofrenda escultórica a los tres policías nacionales que el pasado 27 de enero dieron sus vidas por rescatar de la aguas al estudiante Tomás Velicky, se perfila como negro callejón sin salida de “nuestro” banco. No se trata, ni mucho menos, de poner en tela de juicio un homenaje perdurable y merecido a los héroes Rodrigo Maseda, Javier López y José Antonio Villamor. Por contra queremos que no nos arranque el entorno y lugar de refugio ¡Virgencita querida –como chillaba el parapléjido de Lourdes corriendo cuesta abajo en silla de ruedas–, que me quede como estoy! Aquí, a la sazón, que adopten otras previsiones... No valen los bancos sustitutorios que se proponen del corte de los existentes en la Rotonda, sin respaldo y con lucerío bajo. Pese a que en nuestro país está desterrada la pena capital, los cinco magistrados ya han dictado sentencia. El banco de Petapouco y tantos coruñeses desaparecerá. Está en capilla. “Cargado voy de mí, velo delante/ muerte, que me amenaza la jornada”. Desesperada y alicaída situación de los condenados a garrote vil desde que se les comunica el fallo judicial.

En capilla

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