Plácido, ¡hazte de podemos!

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No sé lo que en realidad sucedió hace 30 años entre Plácido Domingo y las denunciantes de presuntos acosos por parte del tenor español. Solo pude ver y escuchar a dos de ellas. La primera confiesa que Plácido se puso a dos palmos de su cara y le dijo que quería que esa noche fuese a su casa, acepto que como estrategia y sin conocer los precedentes, la propuesta es atrevida e incluso descortés, pero tampoco aclaró si fue o no fue y si de ello se derivó la pérdida de su trabajo o no. 

Delito no me parece, así contado. La segunda dice que recibió una propuesta del artista y que le respondió que si para mantener su trabajo debía de acostarse con él, pero tampoco aclara la respuesta del tenor y si tuvo consecuencias laborales para ella, ninguna otra denunciante anónima ha dado la cara, pero todas subrayan que los hechos se remontan a más de veinte años atrás. 

Cabe preguntarse si, en caso de haber sido acosadas y no habiendo denunciado en su día son conscientes de que su silencio dejó en la impunidad a su presunto agresor y en libertad para poder seguir acosando a otras mujeres y esto sería, cuando menos, reprochable por insolidario. 

El caso es que Plácido Domingo está siendo condenado por la opinión pública y sus conciertos se cancelan, sin sentencia judicial alguna en su contra, privando al mundo de una de sus mejores voces. 

Naturalmente, si las acusaciones son ciertas y se prueban fehacientemente, merecen no solo reproche si no desprecio, pero sin pruebas, la sentencia apriorística supone la muerte de la presunción de inocencia y el sometimiento a la condena de telediario alimentada, a base de bien, por los movimientos más extremos de la izquierda política. Llama la atención el silencio de la izquierda cultural, esos artistas de la ceja que siempre se apresuran a demonizar todo aquello que no huela a naftalina izquierdosa. 

Quizá su silencio se deba a sus experiencias personales, recordando sus camerinos y hoteles en los que se colaban cientos de mujeres que buscaban a los artistas ya pueden suponer para qué y esto lo he visto y vivido muy de cerca yo personalmente. Así las cosas, solo me queda recomendarle a Plácido que se haga de Podemos, entonces todos sus pecados serán perdonados. 

Hace 30 años, Otegui era un terrorista de ETA con participación directa en los delitos de la banda asesina, hoy Podemos lo ha rebautizado como un hombre de paz y los socialistas se sientan con él para negociar gobiernos. 

El propio Pablo Iglesias se jactaba de que deseaba azotar a una mujer periodista hasta que sangrara, no quiero ni pensar lo que le sucedería a un político de derechas si firmara tal afirmación, pues nada, como es de Podemos puede decirlo con total impunidad. 

Ustedes saben algo de los casos de acoso sexual en la sede de Podemos que denunciaron algunas mujeres que trabajaban   allí, seguro que no, yo tampoco, pero como de Podemos se trataba ni medio minuto en ningún medio. Y la que faltaba, Irene Montero, la que pasó de la comuna a la Moncloa enarbola el grito ¿feminista? Sola y borracha quiero llegar a casa. Esta mujer todavía tiene la cabeza en las pancartas y olvida que es, ni más ni menos que ministra, para jalear el botellón y perjudicar la salud de aquellas incautas que se dejan llevar por sus soflamas. 

Tranquilos, es de Podemos y tiene licencia para desbarrar. Plácido, yo ahí lo dejo…

Plácido, ¡hazte de podemos!