Presidente Feijóo, una sugerencia

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aturalmente, cortesía obliga, empezaré por felicitarle por su renovada y ampliada mayoría para esta cuarta legislatura, le deseo suerte y acierto porque será bueno para todos. Muchas veces los políticos recuren a expresiones como “sociedad civil” o “mayoría silenciosa” para referirse al cuerpo social y destacan la sabiduría de la gente que forma parte de la realidad desde su no participación en la cosa pública pero que cumple con sus obligaciones de ciudadano y tiene intactos todos sus derechos. 
Uno de ellos es dirigirse a sus gobernantes para mostrarle quejas, ofrecerle aplausos o hacerle llegar sugerencias que, en el mejor de los casos, pueden llegar a ser útiles. Este es el caso, desde la máxima humildad le dirijo estas letras para que pueda valorar una idea y, ya a su buen juicio, aprovecharla o no. Se trata de incorporar a todos los currículos de las etapas educativas una nueva asignatura: “Responsabilidad Social Individual”. 
Son millones de jóvenes sus destinatarios y los tenemos en aulas en periodo de formación. La pandemia que nos amenaza tiene que cambiar nuestras vidas, nuestras costumbres, nuestras rutinas y ahí juega un papel fundamental la educación. 
Como ya habrá adivinado, le estoy proponiendo utilizar nuestro sistema educativo a todos los niveles para formar en valores a los jóvenes. Asuntos como el respeto a los demás y así mismos, la disciplina social como arma útil para defendernos de ataques epidemiológicos u otras circunstancias que puedan precisar de la colaboración de la ciudadanía para minimizar sus riesgos. 
No tengo duda alguna de que esto se acabará produciendo antes o después y, de la misma forma que en la prohibición del tabaco en espacios públicos fuimos pioneros también en esta podemos ser guía para toda España. 
Enseñar a los niños desde sus primeros años de escolarización cuestiones que parecen elementales, pero que no se valoran en su justa medida, sería formar a ciudadanos para convertirlos en colaboradores necesarios en la lucha común contra los “adversarios” que se nos puedan presentar. 
Cuestiones como la higiene, lavarse las manos varias veces al día o no intercambiar mascarillas entre compañeros con si de un juego se tratara o la forma de jugar en un parque, son cosas que parecen elementales pero que debidamente suministradas en los primeros años de formación pueden convertirse en hábitos que los niños incorporarán con naturalidad en sus comportamientos diarios. 
Pero no solo los más pequeños son el público objetivo de esta propuesta, no hace falta que le recuerde que en cursos más avanzados estudian jóvenes que, al salir de clase, organizan fiestas o participan en botellones que son auténticas bombas de relojería epidemiológica y que muchas veces participan en ellas sin consciencia de que están poniendo en riesgos a sus padres, abuelos y personas próximas con la que mantienen contacto social habitual. 
Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los jóvenes no quieren bajo ningún concepto poner en peligro a sus seres queridos, pero es una cuestión sobre la que no se paran a pensar cuando lo están pasando bien. 
No tengo espacio suficiente para desarrollar más pormenorizadamente los contenidos de esta propuesta, pero, de ser de su interés, me ofrezco a profundizar, como pedagogo, con los técnicos que usted considere oportuno. 
Le ruego disculpe mi atrevimiento, pero creo cumplir con mi obligación como ciudadano. Un saludo.

Presidente Feijóo, una sugerencia