El universo mágico de Helena Segura

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Helena Segura-Torrella trae a la galería Moretart una excelente muestra de fotografía, a la que titula Vínculos y que de algún modo es la culminación del camino emprendido en 2010, con su muestra Innocence. Ahora, como entonces, quiere establecer un puente comunicativo entre lo visible y lo invisible, entre lo supuestamente real y lo que se esconde tras sus escenografías cotidianas.
Busca Helena ese vínculo secreto, esa puerta de acceso y para ello debe acudir a los símbolos; lo hace seleccionando los lugares de un modo exquisito y componiendo la escena de tal modo que sus protagonistas, amparados en una misteriosa luz, se transforman en personajes de leyenda, en actores de un cuento que sucede en los universos paralelos, en las prodigiosas fabulaciones del “otro lado”.
No en vano una de sus obras, –en un guiño a la famosa película de Amenábar–, lleva por título “Los otros” y muestra a dos angélicas criaturas, que parecen ser llamados por una secreta mano para atravesar las teofánicas figuraciones de un retablo; ángeles de carne y ángeles de madera se sitúan así en la sutil frontera que separa lo real de lo aparente, para predicar que todo es representación, ilusión, sueño y que tan fantásticas son las criaturas talladas como las de carne y hueso; al final, es la mano escondida la que tiene la clave de la verdad.
La levedad, la fragilidad de las cosas o la inmaterialidad de los anhelos aparecen simbolizados por luces evanescentes, por humos que se volatilizan, por sombras casi imperceptibles, sobre todo por sombras de aves que, como es bien sabido, representan el espíritu. También las aguas tienen su presencia, como claro tributo a las emociones; y la constante presencia de la umbría de los bosques tiene la doble lectura de paraíso añorado y de lugar donde acechan peligros; sólo que Helena Segura no deja de iluminarlos con la luz del ideal.
Emblemática y maravillosa,–a nuestro entender la pieza más hermosa de la exposición–, es la obra Gouse Games, donde una luz sobrenatural ilumina un espléndido y frondoso manzano, a cuyo pie aparece sentada una niña, en medio de un coro de  blancas ocas; es inevitable pensar en el árbol de la vida y en la pureza e inocencia del primer día de la creación; la niña-Eva es así el trasunto de las más íntimos y más diáfanas aspiraciones de la artista: la de alcanzar un lugar donde  reine la luz y la belleza inmarchitable y pura sea posible.

El universo mágico de Helena Segura