La decidida búsqueda de la nueva figura del ciclismo

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EL Tour es pura pasión. Se ve con un ojo abierto y otro sin cerrar; eso sí, haciendo un gran esfuerzo para superar el sopor de la sobremesa, que se acaba imponiendo y ámbolos dous ollos péchanse al pie del Alpe d’Huez y no se vuelven a abrir hasta que el ganador de la etapa, un tipo bajito y enjuto, ya está en el podio y en una ceremonia propia del heteropatriarcado recibe los besos de unas chicas en minifalda. A alguien o a alguienes de la Marea, nasía pa’ganá, tiene que enloquecerle ese espectáculo –el de ver a unos tíos dando pedales, no el de los besos– porque el reto que se ha marcado el Gobierno municipal –financiado con fondos de la UE– es incrementar en nada más y nada menos que un 1.150% el uso de la bicicleta entre los coruñeses. Xiao Varela, el responsable de la Concejalía de Paseo de Bicicletas –camina por la calle con una como quien lleva al perro a hacer sus necesidades, pero jamás se le ha visto pedaleando– debería ser el primero en dar ejemplo y marcarse una contrarreloj por Los Cantones; a no ser que necesite ruedines, que todo es posible.

La decidida búsqueda de la nueva figura del ciclismo