La benéfica corrupción

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rafael Guerra, Guerrita, no era Ortega y Gasset; no se dedicaba a filosofar sino al toro, pero fue capaz de sentenciar: “Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”. Semejante afirmación parece irrebatible, pero no lo es, puesto que la corrupción es mala, pero también es buena. Su bondad viene del hecho de que resulta ilustrativa, puesto que ha permitido saber que la cárcel de Soto del Real, ciudad de vacaciones, tiene un módulo para universitarios, al que ha sido trasladado Ignacio González, la personificación de la magnífica vista de Esperanza “Metomentodo” Aguirre para elegir a sus colaboradores. Pero la corrupción no solo es ilustrativa, sino que también demuestra que nunca se resolverá el problema educativo español. Años y años de lucha para cargarse la selectividad han culminado recientemente con su supresión y ahora resulta que era un requisito imprescindible para acceder a beneficios penitenciarios. Vamos, que hasta para ser un chorizo hay que ser un tío estudiado.

La benéfica corrupción