Un coruñesista, un buen alcalde y un hombre bueno

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La vida da muchas vueltas y te enfrenta a situaciones, a veces, diametralmente opuestas a las previstas. Hoy martes, invitados por la Corporación actual, teníamos un acto conjunto en María Pita: la celebración del 40 aniversario de las primeras corporaciones democráticas, en las que él fue alcalde de A Coruña. Y sin embargo, escribo sobre su fallecimiento.
Se ha ido Joaquín López Menéndez, una gran persona y magnífico amigo, que tuvo que enfrentar durante su mandato un devastador ciclón que se cernió sobre la ciudad: la lucha por la capitalidad oficial de la naciente autonomía. Y hacerlo en medio de una corporación convulsa, tan “movida” como que él accedió a la presidencia de la corporación tras una moción de censura y un pacto de la derecha, la izquierda y un sector del nacionalismo.
Ingeniero de profesión, humanista, gran conversador y político, hizo del diálogo su norte. Coruñesista convencido. Estableció en su  mandato, cerca de dos años, un gobierno que pretendió modernizar el Ayuntamiento y armonizar las diferentes sensibilidades que habitaban en la sociedad coruñesa. 
Durante este periodo de tiempo la vida municipal tuvo una tranquilidad y sosiego que le permitió gestionar, preparar el ordenamiento urbanístico y mejorar la atención municipal.
Sin embargo, su legado queda marcado por la titánica lucha que tuvo que emprender ante el debate de la capitalidad, aspecto que le desgarró personalmente, pues tuvo que adoptar una posición de dureza y de combate político siendo como era un hombre de talento, talante y tolerancia.
Su determinación fue el germen del coruñesismo que ha acompañado el devenir de la ciudad desde esas fechas y que nos ha servido a las sucesivas corporaciones para modelar una ciudad en su relación con el resto de Galicia.
Defendió su posición de forma pasional y contundente. Y cuando abandonó la política supo hacerlo con discreción, sensibilidad y afabilidad, conceptos que siempre retuvo hasta los últimos momentos de su vida.
Tuve ocasión de conocerlo y tratarlo, como responsable de política municipal de mi partido en aquellos convulsos años de la Corporación que presidió, posteriormente en mi responsabilidad institucional y mantener a lo largo de estos años su amistad. 
De estas décadas de trato y relación, puedo afirmar sin equivocarme, que se ha ido un buen alcalde y sobre todo un hombre bueno. 

 

Un coruñesista, un buen alcalde y un hombre bueno