SERTUCHA

La noticia de su fallecimiento me llegó el martes. Un excompañero de juegos futbolísticos, Pedro, me daba la triste novedad. “Ventu, murió Sertucha”. Me quedo roto. Sin palabras. Fue un mazazo inesperado. No podía ser de otra forma. Con el “vasco”, como muchos le llamábamos, me unía un apego sólido. Ser amigo de Sertucha era un orgullo y una pasión. Mi amistad con él llegó hace unos 35 años en el fútbol sala defendiendo los colores del Uniroyal y que más tarde se convertiría en La Cabaña del Cazador, donde tuve la fortuna de compartir ese deporte con otros excelentes jugadores de exquisita calidad. Sertucha se va de la misma forma que era. Sin hacer ruido. Tímido, diría yo, pero con un humor socarrón, simpático y que te hacía fácil y placentera la convivencia. Tenía un don especial, con una personalidad arrolladora que te conquistaba y que acababa deslumbrándote. Con él compartí momentos y tardes de futbol sala gloriosas con sensaciones inolvidables que solo él era capaz de ofrecer.
A sus 72 años, y como me contaba su esposa, Mari, Sertucha nos abandonó de forma sorprendente. “Jamás tomó una pastilla para nada”, me decía su mujer. Con ella, sus hijos, Eneko, Iker y Aritz, aportaban también las buenas enseñanzas de sus progenitores en momentos tan duros para ellos.
Muchas son las anécdotas que podría contarles sobre el exfutbolista. Viajes, Plasencia, Cádiz, risas, despedidas de año… Fue un hombre culto, bonachón y de una insaciable inteligencia. Su legado de deportista formidable y de compañero todavía mejor, nos lo deja en cada esquina, en cada barrio, en cada pabellón, en cada avenida de nuestra Coruña, en cada casa.
Tenía, además, esa fibra refinadamente lúdica que en algunos paisanos puede seducir como candidez. Alguien hablaba que en esto de la muerte no hay distinciones. Es cierto. Todos tenemos que pasar por el aro. Y allá, en esa luz que dicen se ve al final del túnel, donde están Solé, Paredes y Patiño, se debe estar muy bien, ya que nadie vuelve para contarlo. Se va un amigo de los de verdad. Un vasco de pura cepa, pero con el corazón gallego y coruñés por los cuatro costados. Sertucha nos enseñó a luchar para ganar desde el único puesto al que el poder no llega, el fútbol, el campo, la amistad, el escenario, su lugar en la otra historia futbolística y la cultura de su propio tiempo. A los que quedamos aquí, nos toca cuidar y disfrutar de su legado. Que cuenten conmigo.

SERTUCHA

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