Victoriano Fernández, en Monty4

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Bajo el epígrafe de “Saturno”,  Victoriano Fernández (A Coruña, 1971) presenta en la galería Monty4 una obra realizada antes de este fatídico año del covid, pero sustentada en la idea de esa perpetua  lucha a la debe enfrentarse continuamente la humanidad y que, en su caso, se traduce en los diez años que viene lidiando con una esclerosis múltiple, de lo que da fe la instalación de los envases que ha ido acumulado a lo largo del tratamiento. Es su forma de mostrar empatía con los que ahora sufren, pero sobre todo una lección de superación de las dificultades y de ánimo. Esto se traduce en cuadros donde las manchas de color extienden su energía vibratoria por espacios abiertos al infinito y que pueden leerse como expansiones galácticas, pero sobre todo como aspiraciones que viajan de continuo desde nuestra psique, en el ansia del “Regreso a Itaca”, como reza el título de dos hermosas obras donde la inmensidad azul sobre la que flotan dispersos grafismos náufragos traduce, en metáfora visual, lo que es la pequeñez humana, ante la inconmensurabilidad del universo que nos rodea.

Hay varios cuadros que titula “Sonata de Damocles”,  donde entona un sinestésico canto pictórico-auditivo  sobre esa amenaza que pende desde siempre sobre nosotros y que el mito traducía como espada, pero que aquí se transforma en viajera mancha de encendido color carmín que puede evocar a la sangre derramada o también en azul espacio que, contenido en principio en una forma geométrica, se desgarra, se fragmenta y se dispersa en entrópicas configuraciones. En cuanto a las obras “Saturno I y II”, que dan título a la muestra, aluden de un modo abstracto al festival de la sangre del eterno devorador de sus hijos, cuyo banquete, una vez consumado, no deja más que restos informes, Estamos, en realidad ante una alegoría del tiempo, ese impenitente destructor. Se sirve Victoriano Fernández de las técnicas del informalismo abstracto y del tachismo para ofrecernos una obra abierta a todas las posibilidades combinatorias y en continua transformación; así chorrea manchas y dibuja grafismos, pero lo hace con un estudiado control, para que la armonía visual prevalezca sobre lo informe y haya un equilibrado diálogo entre el color, las formas y el espacio. Es  este cuidado equilibrio el que define al verdadero pintor que puede conseguir por los más variados medios que los contrastes y las armonías cromáticas se conjuguen maravillosamente para la eficacia visual, del mismo modo que el músico lo hace con los sonidos; de ahí que sean pertinentes sus referencias al arte musical que es por excelencia el de la abstracción más pura y lo mismo que en él puede haber movimientos en adagio, andante o alegro que traducen diversos modos del emocionado sentir . Estos cuadros, como él explica, son mapas y caminos“ que han sido transitados por muchos”, pues –como dijo el genial Fernado de Rojas, en “La Celestina”– “todas las cosas están hechas a manera de contienda” y, entre ese pathos está el de la enfermedad.

Victoriano Fernández, en Monty4