Un mito que se derrumba

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En el comercio internacional existen bienes y productos para la satisfacción de las necesidades humanas y su utilidad que, con sólo mencionar su nombre, evocan el país de origen o su procedencia. Así ocurre, por ejemplo, con el whisky que inmediatamente lo asociamos a Escocia; o los productos de óptica y gran precisión que nos inclinan a pensar en Suiza; o el tabaco, llamado habano por el nombre de la capital de la isla del Caribe donde se cosecha y elabora. Igual sucede con la palabra Bayer que se identifica con los acreditados laboratorios químico-farmacéuticos ubicados actualmente en la ciudad alemana de Leverkusen.
Esos ejemplos y otros similares que podrían aducirse, nos demuestran que esos bienes y productos de comercio y consumo gozan, además, de un gran crédito de autenticidad, seriedad, solvencia y garantías técnicas, que los convierte en preferidos de sus numerosos y más fieles adquirentes y consumidores.
Es evidente, que de esa solvencia y prestigio gozó siempre la industria alemana que hizo de su marca “Made in Germany” un título de garantía, eficacia, rentabilidad, duración y perfecto funcionamiento.
De esa presunción de excelente calidad y funcionamiento gozan, sobre todo, las industrias de automoción y del sector de electrodomésticos alemanas.
Ante esa situación que merece el favor y la aceptación de los consumidores, el affaire del “trucaje” de los motores diesel practicado en las distintas gamas de vehículos fabricadas por Volkswagen que afecta a millones de automóviles y compradores es indudable que la credibilidad y confianza en la seriedad y honradez de tan importante empresa a nivel internacional, ha supuesto un duro golpe económico y comercial a su prestigio e intereses.
Pero dada la magnitud y extensión de la manipulación fraudulenta operada en los motores de sus vehículos, ese daño, con consecuencias delictivas para sus autores, afecta también muy negativamente a la imagen, en general, de la industria alemana y cuestiona el deficiente funcionamiento de sus controles de fabricación y calidad, así como de su seguridad y la ausencia de vicios o alteraciones técnicas no permitidas legalmente.
El hecho de que tan grave suceso no suponga avería mecánica ni falta de seguridad en los vehículos, no merma el engaño y estafa que dichas operaciones suponen y, sabido es, que en el mundo empresarial y del comercio, la confianza es el fundamento principal del éxito en los negocios. Incluso puede afirmarse que “crédito” derivado de “creditum” denota creencia o confianza en alguna persona o cosa que, cuando se pierde, cierra toda perspectiva o esperanza comercial de futuro.

Un mito que se derrumba