La caída del caballo bolivariano

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San Pablo, que por entonces se llamaba Saulo de Tarso, cabalgaba hacia Damasco cuando se cayó del caballo. Sabiendo cómo eran los caminos de aquellos tiempos, el golpe debió de ser importante, pero ni sintió el más mínimo dolor por las magulladuras. La labazada lo había convertido en un hombre nuevo, había visto la luz y estaba feliz. Pablo, antes Pablo Manuel, “Viva la Gente” Iglesias es otra especie de San Pablo, aunque, eso sí, en versión 2.0. No se sabe si se ha montado un picadero en el palacete de Galapagar o si se caído por otro motivo, pero ha visto la luz y también es un hombre nuevo. Y no se avergüenza de reconocerlo. De hecho, lo confesó en sede parlamentaria. Ya no quiere darle azotes a Mariló hasta que sangre ni es un hooligan del régimen venezolano. Nunca más volverá a cantar aquello de “Chávez vive, la lucha sigue”. Anda que si en penitencia por renegar de la fe bolivariana, Maduro obliga a Monedero a devolver la pasta que le regaló...

La caída del caballo bolivariano