LAS VÍCTIMAS DEL ALVIA SE SIENTEN OLVIDADAS

El pasado día 24 se cumplieron seis meses de la catástrofe del tren Alvia que descarriló en la famosa curva de A Grandeira, cerca de Santiago. Aquella tenía que ser una noche de fiesta y acabó convirtiéndose en una jornada dantesca. Se habla ahora de 81 muertos y de los casi 150 heridos que siguen luchando en sus difíciles procesos de rehabilitación contra sus miedos, sus pesadillas, sus lesiones, la decepción y, sobre todo, como reprocha Lidia Sanmartín, una de las heridas graves, contra el olvido. Lidia es tajante y recalca que se sienten olvidadas.
Acude todos los días de la semana a su cita con la rehabilitación para tratar de poner en orden su maltrecho cuerpo. Atrás quedan los angustiosos días en un hospital santiagués donde los psiquiatras y sicólogos le ayudaban a superar semejante trance. Y recuerda que comentaba a sus cuidadores que estaba “como si le hubiera arrollado un tren”. Es optimista por naturaleza. Presume de poseer un excelente carácter y de quedarse con el lado bueno de las cosas. Cuenta con satisfacción como todos sus compañeros y jefes del “curro” se preocupan por ella desde el primer minuto. Piensa que su ángel de la guarda le salvó la vida. Al principio se negaba a visualizar las imágenes del accidente y ahora sí las acepta. “Veo como el tren se da el tortazo. Parece de película”. Pero también tiene sus reproches. Renfe la llamó después de cuatro meses. Insiste en que la curva sigue siendo insegura y concluye afirmando que hay más responsabilidades que las del maquinista. Lo tiene muy claro.
Seis meses después es como si el tiempo se hubiese detenido. Existen muchas incógnitas. Observo con cierta sorpresa que nueve cargos de Renfe se pasan la pelota para escurrir el bulto. Que la alerta del riesgo de Angrois se hizo llegar a diez técnicos y que más de uno pasó de puntillas. Que en más de una ocasión se denunció la falta de seguridad en esa maldita curva y nunca se tomaron decisiones sobre ello. Que los Alvia siguen sin control de velocidad medio año después. Alguien dijo que aquí no hubo guerra ni atentados. Pero sí hubo un tren que se desbocó haciendo añicos la paz de lo que hubiera tenido que ser un día grande para Galicia.

LAS VÍCTIMAS DEL ALVIA SE SIENTEN OLVIDADAS

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