La odisea

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En el Rosalía, ciclo principal, auspiciado por nuestro Ayuntamiento para difundir cultura a todos los niveles, ofreció dos representaciones Rafael Álvarez “El Brujo” con su espectáculo “La odisea”. Más de lo mismo. Espejos transparentes vistos otras ocasiones cuando el monólogo hacia drama y alcanzaba el corazón. Ahora ya dudamos si vemos a un gran histriónico metido a turbador ideólogo o a un político de los de la ceja y presencia puntual en manifestaciones y algaradas contra partidos –¡albricias de la derecha cavernícola!– que ponen al servicio de su arte la red oficial de teatros españoles.
Bien como agitador sui generis o como brillante actor erostratista, personal y cultivador de sí mismo. Tanto si cuenta frívolamente las andanzas de Ulises, vicisitudes como simple aedo o determinante ciego –Homero–, aunque en esta ocasión –tópicos, chascarrillos, anécdotas y chistes fáciles– más parece tuerto al enfocar sus críticas, burlas y sátiras en una única dirección. Lo mismo que sus iconos culturales, siempre Rogelios sin desperdicio.
Sin embargo, este teatro tiene mucho teatro. A las gentes les gusta, llena los locales y aplaude a rabiar. ¿Populismo? ¿Laberinto dramático? Dirección y versión corresponden al cómico solista. Dialoga, provoca, gesticula. Clara dicción y énfasis adecuados a cada escena, apoyado por música original de Javier Alejano. Buena escenografía y definidora iluminación... Teatrod e alcance doméstico para hacerlo asequible al hombre actual. Jovialidad, desconcierto, libre albedrío. ¿Qué es el arte? ¿Y la democracia? ¿Somos emigrantes sin papeles de nosotros mismos? Desciende el telón final y la obra recupera su grandeza al firmar Ulises el contrato definitivo de paz con juramento.

La odisea