Superman

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Superman deja el “Daily Planet”. En un arrebato de dignidad, el héroe caído del cielo convierte al tímido e insustancial Clark Kent en un líder que se rebela contra la degradación del periodismo en sensacionalismo. Abandona su puesto de redactor poco valorado con una arenga a sus compañeros sobre la importancia de contar lo que pasa, no lo que otros quieren leer. Que las noticias sean noticias, proclama antes del portazo a su carrera en la prensa escrita.

Hay quien ve una crítica feroz a la industria periodística. O un augurio sobre el futuro de los periódicos en papel. Nos gusta creernos perspicaces y agudos. Aunque estemos analizando una historieta de héroes y villanos. El guionista del cómic entra en el juego y dice que esto es lo que sucede cuando un periodista de 27 años se sienta detrás de un escritorio y recibe órdenes de un conglomerado con intereses que poco tienen que ver con los suyos. Qué edificante ejemplo para los plumillas que escriben sus primeros textos casi al dictado. Con sus esperanzas de premio Pulitzer. Convencidos de ser el cuarto poder y dispuestos a enfrentarse a cualquiera que quiera pervertir la verdad. Qué lección para cualquiera que discrepe de sus jefes. Que se sienta maltratado, menospreciado pese a saber que en su interior es un superhombre. Y, pese a todo, no imagino una avalancha de dimisiones de asalariados descontentos.

Dice el guionista que el texto refleja la realidad. Joven trabajador alimentado de ideales –que no necesita comer porque es extraterrestre– corta su red de seguridad para lanzarse al vacío de un mundo laboral en horas bajas. Quizá si hablase de las facturas que se acumulan en la mesa, de esa suerte de truco de magia con la que se estira el sueldo para que llegue al final del mes, de los menús de espaguetis y tomate de oferta y del empeño en no rendirse y volver a casa de los padres la historia parecería verosímil.

Pero qué importancia tiene que sea o no creíble. Al fin y al cabo, se trata de un tipo de un planeta que no existe al que le salen rayos de los ojos, que puede volar y tiene una fuerza más allá de lo imaginable. No necesitamos que su disfraz de reportero aburrido tenga coherencia. De hecho, cualquier redactor con el historial de Clark Kent estaría en la calle. Si ha sobrevivido tantos años sin cubrir un solo suceso de interés podrá triunfar como bloguero. Estas cosas a veces pasan. Aunque la mayoría de las veces solo sea en la ficción.

 

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