POBREZA Y EXCLUSIÓN SOCIAL

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¿Cuánta pobreza hay en nuestro país y en cuánto se ha visto incrementada como consecuencia de esta crisis? No nos cansamos de leer y escuchar cifras y datos. Umbrales de pobreza, incluso pobreza infantil. Los gobiernos dicen que la combaten. Pero, ¿se ataca de raíz los verdaderos problemas, causas y presupuestos de la pobreza? Somos conscientes de que la brecha y la exclusión social son cada vez más manifiestas, aviesas y que están causando un daño tremendo en los hogares, las familias y la sociedad misma con riesgo de una desestructuración mayor. Secuelas que asumen y asumirán las generaciones venideras. Hogares con toda su unidad familiar en desempleo. Alarmante la secuela que supondrá en niños.
El camino recorrido en las últimas tres décadas se ha visto superado por el embate de esta crisis. El crecimiento y desarrollo humano ha sido golpeado por el desempleo, la caída del consumo, la capacidad de ahorro, la mengua del estado de bienestar, el estancamiento cuando no pérdida de salarios, las pensiones más bajas y un largo etcétera. Rentas caídas, consumo retraído, ahorro diluido, desempleo crónico, han sembrado las bases de una mayor brecha que debemos combatir y erradicar. Las desigualdades y los desequilibrios afloran. Cada vez hay más pobres. Los medios apenas se han hecho eco; pero, ¿y la clase política?  
Los informes que Cáritas emite son cada vez más desoladores. Los datos estadísticos que los Institutos públicos elaboran son igual de desalentadores. La realidad es angosta. Poblaciones envejecidas, situaciones de dependencia que no son atendidas por los servicios públicos, pensiones precarias, sueldos cada vez más bajos, desempleo azotador a familias enteras, natalidad en clara fase regresiva, ¿cómo sino iba a golpear la pobreza cuando el escenario es óptimo? El dato más claro es que casi un 60 % de familias señalan que tienen dificultades para llegar a final de mes. Y un casi 28 % rozan ya el umbral de la pobreza. A nivel de España, en este último año un millón más de personas han transitado hacia lo que se conoce como exclusión social: vivir condenado a un estado de necesidad del que es muy difícil salir sin ayudas públicas y privadas. Sigue la quiebra de este Estado de bienestar minado por mil trampas y gastos superfluos.
Inhumanas pero de rostro humano cifras de umbrales de la pobreza. La antesala misma de la indigencia. Esta es la radiografía de un país que se tuvo por rico y miró y, a veces, se empeña en querer seguir mirando hacia otro lado. Es el lado dramático que no queremos ver y nos aflige. Nuestro fracaso. Es hora de tomar conciencia, pero también una contundente y clara línea de acción. Sociedad y gobiernos, responsables públicos y privados, gestores y organizaciones benéficas. Es el fracaso de una sociedad entera de lo contrario. No cabe mirar hacia otro lado, el insoportable lado de la indiferencia. Siempre se ha hecho así, porque combatir la pobreza no da réditos electorales.

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