LES ARRASTRA LA MAREA

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Por un lado, Europa les reprende por los desahucios, les pide cuentas por “los pinchos” que colocan al final de las vallas. Rectifican sus leyes penales y les “aconsejan” en materia laboral.
Los jueces les acosan por la corrupción generalizada que encuentra en los papeles de Génova.
La Casa Real les pone con el culo al aire y desde Hacienda los técnicos muestran sus vergüenzas como en el cuento aquel del rey desnudo, ¿lo pillan?
El papa Francisco les riñe y algunos curas ya piden la excomunión para los responsables de tanta miseria y dolor.
En la calle el tsunami sobrepasa Madrid y se desborda la marea verde, la blanca y la roja. A veces al compás de música de viento y banderas tricolor.
Se han ido de miles de jóvenes, incitados por el consejo de la Xunta (“si tes unha idea, emprende”) y  emprenden el camino de la emigración.
Se les han ido (escapado, mejor) cientos de patriotas españoles con ochenta mil millones de euros vía Suiza.
Se han marchado otros muchos paisanos que, aun entendiendo que esta es tierra de agua, quieren que escampe. Que acabe tanta corrupción desde Fisterra hasta Tuy, quedándose un buen rato en Compostela, Lugo, A Coruña y un amplio etcétera.
Y los que se quedan se convierten en marea (blanca, verde, negra) como anteayer en las calles coruñesas. Gentes hartas con que la infanta, dice un fiscal,  no comete delito, solo falta a la ética (¡!) y de corrupción y ética está harta la ciudadanía como esa ristra de amigos de Rajoy por los que ponía la mano y les citaba como ejemplo (Fabra, Mata, Camps)  y nos colocan a la altura de Rumania y Grecia después de tener que oír a nuestros próceres decir eso de que “no somos Grecia”.
Anoten, como nuevas ofensas, las chorradas  de Montoro, con eso de que “ los mercados no son gilipollas y quieren que gane el PP” o lo de Mariano diciendo que lo importante de la despedida a Mandela era el escenario, ya que fue donde España ganó el mundial. ¡Golipollas!
Así están las cosas: el pueblo en la calle y ellos “aconchabados” en el Parlamento, blindados por la policía y con unas leyes que limitan cada día más los derechos civiles. Están solos con los mercados, los amnistiados y sus donantes. Pero les va a arrastrar la marea.

LES ARRASTRA LA MAREA