Riazor se moja y Ferreiro se mete en un charco

|

Xulio Ferreiro acaba de volver a demostrar que el suyo es un mandato de paso. Los más ingenuos pensaron que su deportivismo impostado traería buenos tiempos a la parroquia blanquiazul. Enseguida se encargó de ser fotografiado a la derecha de los Blues, con su camiseta recién sacada del paquete. Todo falso. A la primera que ha tenido en su mano la posibilidad de hacerle un guiño al club, lo que le ha propinado es una bofetada.
Como toda la ciudad ya sabe, el alcalde es capaz de inventarse lo que sea con tal de borrar cualquier herencia de anteriores gobiernos. Una obra que estaba ya contratada y lista para arrancar, la reparación de la cubierta del estadio, se ha visto ahora pospuesta, como mínimo, hasta 2020. Es una actuación urgente y necesaria. Los de Pabellón Superior miran de reojo hacia arriba y no olvidan que en una ocasión su grada fue acotada por razones de seguridad.
Por lo pronto, y tras haber vuelto a demostrar que es un cero en gestión, el alcalde reconoce que la obra no se licitará hasta otoño de 2017. Sumando los dos años previstos, en el mejor de los casos nos plantamos en 2020. Eso, pasando por alto que la modificación del proyecto probablemente conlleve una generosa dilatación de los plazos. Y mientras, los veintipico mil fieles que nunca fallan tendrán que seguir diciendo que se chove haberá que aguantar.
A las palabras del presidente Tino Fernández nos remitimos. Dice que guarda en su despacho el convenio por el que el Ayuntamiento de Vigo le está reconstruyendo Balaídos al Celta y se le cae el alma a los pies. Normal. Aquí el presidente tiene que escuchar a sus accionistas quejarse por la patada que les está dando el alcalde. Y poco o nada puede hacer por evitarlo sin provocar una crisis en la diplomacia institucional. “Lo de las cubiertas va para largo”, admitía resignado esta misma semana en la junta general. 
De nuevo Xulio Ferreiro engaña a la ciudad. Se queda corto en las expectativas que muchos coruñeses habían depositado en él y confirma los temores de quienes lo veíamos venir de lejos. Se le agota el crédito incluso entre sus afines. No puede pintarse la cara de blanco y azul en Riazor e ir al palco de Balaídos en coche oficial y con escolta, atravesando, por cierto la ampliación de la circunvalación en Santiago y del puente de Rande. Igualito que la avenida de Alfonso Molina, ¿verdad?
O una cosa, o la otra. O arreglamos la cubierta para que los socios puedan disfrutar seguros del espectáculo o se quita usted la careta y admite, de una vez por todas, que A Coruña y los coruñeses no son más que un medio que utilizar para alcanzar vaya usted a saber qué otras metas inconfesables.
*Francisco Mourelo es 
concejal del PP
 

Riazor se moja y Ferreiro se mete en un charco