PRIVATIZAR O MUNICIPALIZAR

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Hace días, en estas mismas páginas, un ilustre representante del PP abría el melón, que se dice ahora, la polémica que se dijo siempre, sobre la conveniencia o no de rescatar, para las administraciones públicas, unos servicios que, entregados a la iniciativa privada, encarecían los costes –no habrá que explicarlo, ¿no?, pues el empresario que puja por ese negocio no es una ONG, sino un señor que quiere ganar dinero a cambio de un trabajo– y, al igual que unos granos no hacen granero, algunos de los ejemplos citados son el envés, la cruz, de los cientos de “chamullos” que están en los jugados, pues el paso del negocio de todos al bolsillo de unos pocos tiene, en apariencia, la mala prensa de perder (o, mejor dicho, ganar) por el camino unos miles de euros para repartir en mordidas, comisiones, trapicheos, regalos…
Aburre tener que explicarlo y aunque sea fácil hacerlo: Gürtel, Púnica, Orquesta, Pokémon y un largo etcétera que todos los ciudadanos recuerdan, con rabia y asco, por cierto, como para tener que hacer la lista completa.
Y ahora, con nuevos inquilinos en las administraciones o con repetidores al frente de ayuntamientos y diputaciones, se dan ejemplos elocuentes. Y es que decir lo contrario contradice lo que está pasando. Es al reves: entregar a la empresa privada la gestión, por ejemplo, de hospitales, aguas, servicios de limpieza, la ORA, es dilapidar dineros públicos, pues el beneficio empresarial, que se podía quedar en las arcas públicas, engrosa el negocio particular.
Hombre, la verdad, muchos partidos –que se hicieron famosos en las páginas de “tribunales”– tienen el tejado de cristal, conocidos los casos que han llenado de “caca” la historia reciente de las administraciones. ¿Si la Policía Municipal depende de la caja común, por qué los vigilantes de la ORA, por poner uno de los ejemplos más primarios, tienen que ser privados?
Y si, como parece, la empresa municipal de aguas de A Coruña es un “chollo” (otro día hablaremos de quien gana con ese chollo), ¿por qué dárselo a Florentino o a otros empresarios similares?
La gestión externa de servicios no es más que vaciar de contenido a las administraciones, engordar el bolsillo de unos pocos y ser caldo de cultivo para la corrupción. Los políticos, mejor que nadie, saben que gestionar servicios que antes se entregaron a empresas privadas, abaratan costes –los beneficios empresariales– y garantizan precios sociales.

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