TIEMPOS DE BALANCE

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Dicen que en estos días de balance los altos despachos de la calle Génova no terminan de saber bien por qué cien vertiginosos días de gobierno, repletos de actuaciones de calado, están teniendo tan poca, por no decir ninguna, rentabilidad política.

La huelga general del día 29 y, muy especialmente, las concurridas manifestaciones con que se cerró la jornada son para algunos signo inequívoco de una falta de conexión con la ciudadanía. Por otra parte, el que un triunfo tan histórico como el habido en Andalucía haya pasado por un “enorme varapalo”, les induce a pensar que algo está fallando en la comunicación con la opinión pública.

Ya sé que no comunican dos cuando uno –opinión publicada– no quiere. Pero la verdad es que esto de la comunicación no es un fuerte de la derecha política, en general, y del PP, en particular. Les falta, por una parte, alma, liderazgo y capacidad de seducción y les sobra, por otra, buenismo. Les sobran contestaciones administrativas y les faltan respuestas políticas.

La rueda de prensa de hace un par de viernes en que un lioso ministro Montoro presentó los presupuestos y un desangelado ministro Soria hizo lo propio con las medidas en materia energética resultó tan soporífera, tan falta de titulares positivos rotundos y tan vacía de respuestas preventivas a lo que claramente iría a decir la oposición, que no fueron de extrañar las caras de aburrimiento de los informadores y el que los principales mensajes difundidos luego por estos fueran los que fueron: recortes y amnistía fiscal para los ricos defraudadores, a pesar de que en la trastienda de las cuentas públicas había no pocos pasajes que hubieran merecido una “venta” manifiestamente mejor.

No sé, por otra parte, si el Gobierno no tendría que replantearse su exceso de buenismo. Ya a quien pasa como mucho más duro como es el expresidente Aznar tampoco le gustó nada tirar de la manta. Por eso y sabedor de ello, el PSOE no tiene empacho alguno en presentarse como el gran triunfador en Andalucía, cuando en realidad perdió las elecciones, ni en arremeter contra una medida, como la amnistía fiscal, que el socialismo en su tiempo gobernante llevó al BOE en un par de ocasiones.

Hace falta tener una casi ascética capacidad de autodominio para no revolverse en el interior luego de escuchar cómo condenan los cien días del nuevo Gobierno quienes a lo largo de dos mandatos no ofrecieron más reformas contra la crisis que las bombillas de Miguel Sebastián, los 110 en las carreteras de José Blanco, las soluciones habitacionales de Antonia Trujillo, el derroche de los planes E y el alegre levantamiento de los techos de gasto. ¡Y es que no se ponen colorados por nada!

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