Montoro: La carabina de Ambrosio

Si Rajoy –cinta negra, pelo negro– hubiese buscado con lupa un incordiante mejor para regir el ministerio de Hacienda que el actual y todavía ministro Montoro, no lo hubiera encontrado. Con Montoro dio con el tipo exacto y recomendable para actuar –y así actúa- como un elefante en una cacharrería o como la conocida carabina de Ambrosio. Otros ciudadanos –que no son Rajoy– prefieren comparar a Montoro con el caballo de Atila. En efecto, por donde pasa Montoro no vuelve a crecer la hierba. Al margen de que sea feo como un dolor de muelas, se permite emplear la palabra gilipollas en su vocabulario empleado ante los periodistas. Todo ello, muy adecuado para un ministro que dice representar la Marca España.
Quizás al emplear el término gilipollas el ministro estaba haciendo un examen de conciencia y como por donde va lleva el escándalo con él, ahora la oposición pide una comisión de investigación en el Congreso para “arrojar luz sobre la purga ideológica” que, dicen, se ha producido en la Agencia Estatal de Administración Tributaria, que era –hasta ahora- uno de los pocos organismos serios de este país.  Ahí es nada: Montoro en dos años ha conseguido que se haya producido el mayor relevo de toda la historia dentro de la Agencia Tributaria, que ha afectado a casi 320 personas. Dice Montoro que los mercados no son gilipollas y cree la oposición que le ha traicionado el subconsciente y que piensa que los gilipollas  somos los ciudadanos. Cuando menos, somos auténticos masoquistas.
Tragamos con “asuntillos” como el supuesto trato de favor a la Infanta Cristina, con la chapuza fenomenal del cara de palo de Urdangarín o con el enjuague acontecido con la “minimulta” a la multinacional cementera CEMEX por supuestas irregularidades fiscales. Vamos, que entre los regalillos a la ministra Mato, los hermanitos de la ministra Báez, las “alegrías” que el ministro Gallardón proporciona a los sufridos administradores de Justicia, las duchas del ministro Cañete y un etcétera notable y notorio del resto del mariachi ministerial, no me extraña que Rajoy tenga que teñirse el pelo para no salir a cana por minuto.

Montoro: La carabina de Ambrosio

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