Contar, vivir del cuento

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Estaría bien, para variar, que algún gobierno pasase a la historia por gobernar con tino y talante democrático y no por alguna heroicidad anti comunista o anti fascista. Y más en estos tiempos en los que si es incierto que unos sean fascistas, lo es aún más que los otros sean comunistas. Son, unos y otros, autoritarios, sí, pero no por ideas sino por falta de ellas.

Este gobierno alambicado con lo más tozudo y perverso de la oposición y la tozuda oposición de toda la vida soñaban con una legislatura de pasarela sobre la que desfilar cada uno sus filias, fobias y negocios políticos con los que entrar en combate y combatir para un solo fin: enardecer a la bancada, crear odio. Tiempos de reavivar viejos conflictos como si fuesen nuevos buscando hacer pasar por nuevo lo más viejo de nuestra reciente historia. Crear, en una palabra, discordia con todo y con todos para que todo pareciese de su mano y cuidado. Y la oposición ver y asear fantasmas, y donde no, crearlos. Una gresca continúa sobre los cimientos de una situación feliz para quienes viven de esos malditos presagios.

Pero sucedió la tragedia en que nos hayamos sumidos y los hemos visualizado a todos en la medida exacta de su ser político, y se antojan perversos e ineficaces. Oyéndolos no parece que hayamos tenido que elegir a quién dejar morir y a quién vivir, que la ruina nos aceche y que haya de ser la cruel realidad más humana y cabal que su terca voluntad.

Contar, vivir del cuento