ESPAÑA, INQUIETUD COMPARTIDA

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Aestas alturas del río de mi vida sólo creo en Dios y el bicarbonato. Añadir como excepciones que confirmen la regla, España, familia y amigos del alma. Sin embargo hoy únicamente quiero ocuparme de mi vilipediada patria y cuantos se confabulan pro destruirla. No los versos irónicos y delicados de Joaquín Bartrina, identificando las personas por sus pareceres sobre otros países y … “si habla mal de España, es un español”, sino la grandeza épica de Nietzsche al  calificarnos de hombres que quisimos ser demasiado. 
A fin de cuentas reducimos todo al pecado nacional, “praestat invidas habere quam misericoriam”.
Estos son los problemas de Mas, Junqueras, Colau  y compañía-que Barcelona, no Cataluña, sea mayor que Madrid; o los askolaris vascos que todavía siguen postulando la humildad de Jesucristo al nacer en Belén cuando podría haber elegido Bilbao a lo que sería necesario sumar nuestro galleguismo de rúa y campanario… Desgraciadamente esas tragedias han sumido en dolo
r al resto de conciudadanos. Cogieron el rábano por las hojas, la parte por el todo, las churras por merinas y el sectarismo como fuente aunque hayan tenido que tergiversar la verdad histórica inventando mil fábulas y sustituyendo mercancía averiada por el logos. Mientras los interrogantes salen al paso. 
¿Qué es España? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su consistencia? ¿Cómo vive a diario y para qué? ¿Porqué tiene nombre de mujer? ¿Cuál es su atractivo y futuro inmediato?
No pretendo plantear una alienación que eche por los suelos mis razonamientos. Si acaso quiero rescatar, entrañable lector, tu patriotismo obnubilado por tantas mercancías estropeadas que comercializan nuestros sentimientos. 
Huir de frivolidades comunicadoras. Reflexionar con nosotros mismos para buscar la España eterna que nos aguarda desde el amanecer de los siglos. 

ESPAÑA, INQUIETUD COMPARTIDA