¿De verdad creemos que Torra gana?

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ya sé, ya sé que la reunión de la ‘mesa negociadora’, en la que el aún president de la Generalitat coló a algún miembro procesable, se celebró en unas condiciones que podríamos llamar al menos extrañas, con un líder de la delegación catalana inhabilitado ‘de iure’ aunque aún no de ‘de facto’, sin demasiada transparencia, etcétera. Pero pienso que eso, todo eso, no puede, ni debe, sustanciarse con frases como ‘humillación del Estado’, ‘bajada de pantalones de Pedro Sánchez’, ‘algo extremadamente grave’ y tantas otras emanadas de la oposición y de algunos comentaristas.
“El Estado, negociando con delincuentes: es el colmo”, se indignaba una querida compañera en una tertulia televisiva que compartimos. Sí, potenciales delincuentes algunos de ellos, no todos por cierto; pero, al tiempo, son gentes que han ganado las elecciones catalanas y que, seguramente, volverán a ganarlas cuando se celebren. Y sí, ya sé que Oriol Junqueras está preso por sedición, y que el mismísimo ministro de Justicia nos dice ahora que este delito es ‘decimonónico’ y que hay que redefinirlo a la baja en el Código Penal, pensando, sin duda, en beneficiar al recluso de Lledoners.
Ayer, con su acta de eurodiputado en la mano, el hombre que se atrevió a desafiar al Estado montó un ‘show’ a treinta kilómetros de la frontera española. Carles Puigdemont, quien dirige la Generalitat desde su residencia de Waterloo, fue recibido por su acólito Torra y varios miembros del Govern como el héroe en el exilio que se acerca a la tierra prometida. Estas funciones de realidad virtual, que tanto gustan al independentismo catalán, están pensadas únicamente para calentar la precampaña electoral y restar papeletas a ERC, quien por cierto no participó en el sarao, evidenciando las desavenencias en el secesionismo. 
También los fugados Toni Comín y Clara Ponsatí se han atrevido a acompañar al “líder”, sabiendo que las autoridades francesas no van a detenerlos pese a las reclamaciones de la Justicia española. Mientras Puigdemont se reunía en una carpa con sus familiares, ellos paseaban por la campa, cedida por el alcalde de Perpiñán. Queda la duda de saber si el citado edil está de acuerdo con la anexión de la denominada “Cataluña de norte” --de la que su ciudad forma parte-- a la “Republica catalana”. A lo mejor, es masoquista y quiere perder la nacionalidad francesa y la permanencia en la Unión Europea. Siempre hay políticos pintorescos.
Por su parte, los dirigentes de la CUP se han desvinculado del espectáculo, advirtiendo que este tipo de actos deben estar al margen de los intereses partidistas. Es decir: a Puigdemont y Torra se les ve demasiado la jugada. Lluís Llach, que además de amenizar la fiesta cantando, se convirtió en maestro de ceremonias. Fue el encargado de pedir al respetable que disculpara el retraso porque había “colas en la frontera” de gente que ansiaba ver a su ex. Como el relato y la imagen es lo que cuenta, lo más conveniente era que las televisiones retrasmitieran masas entusiastas, cubiertas con la bandera independentista, escuchando al “líder carismático”. Uno de los vídeos que se presentaron en el escenario llevaba por título “Voces de la represión”. Además de los enviados por los presos de Lledoners, con el claro objetivo de provocar la emotividad y el victimismo en los asistentes.
Si no fuera por lo ridículo del espectáculo, resultaría profundamente irritante éste continúo poner en solfa a la legalidad de un régimen democrático como el español por unos delincuentes que pretenden volver a cruzar la frontera sin pagar ningún peaje por su ilegal desafío. 

¿De verdad creemos que Torra gana?