Del cielo al suelo en una caída en picado

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No eran los tres tenores, ni el trío Los Panchos, pero bien valían para un bolo podemita: el tierno herbicida Pablo Echenique –“soy muy del amor y esas cosas, pero la mala hierba hay que extirparla”–; el camarada general, el exjemad Julio Rodríguez, apodado “Julio el rojo” en los cuartos de banderas desde que decidió vestir el uniforme morado, e Íñigo “El niño de San Ildefonso” Errejón. Su misión era “dar a conocer el acuerdo de Presupuestos al que Podemos ha llegado con el Gobierno y hacer partícipe a la sociedad civil del proceso”. El lugar elegido para la performance era de tronío: el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en concreto una sala por la que los rupturistas habían pagado 4.000 euros. Pero menudo desastre: Allí aparecieron tres decenas de militantes y hubo que retirar sillas a toda velocidad para disimular la nula capacidad de convocatoria. Fue como pasar del asalto a los cielos a estrellarse en tierra tras un vuelo en picado rompiendo la velocidad del sonido.

Del cielo al suelo en una caída en picado