SIGUE EL FOLLETÓN AGUIRRE

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Se ha desencadenado una auténtica catarata de declaraciones, aclaraciones, reproches y matizaciones en relación con la tremenda metedura de pata de la señora Aguirre en su escándalo de circulación acontecido en la Gran Vía madrileña. Los hay en Madrid que hasta hablan ya de “la gran escapada” de la señora condesa. Sinceramente, si ponemos en los platillos de una balanza el follón acontecido por la dimensión del personaje y el alcance de la infracción cometida, sin duda pesa más la primera circunstancia, Esperancita, que –creo haberlo escrito ya– se pegó sus buenas jugadas en el Club de Golf de La Coruña, como corresponde a su jaez aristocrática, se ha venido labrando odios y rencores a lo largo y ancho de su carrera política. Y aquellos polvos trajeron estos lodos. Esperanza venía cultivando morbos y odios, aún dentro de su propio partido, sazonando sus intervenciones y disculpas, en muchos casos haciendo pis fuera del orinal, con acusaciones y sarcasmos inadecuados. ¿Ingeniosa?, sí pero incómoda cual mosca cojonera.
Desde esta humilde atalaya de un periódico de provincias cabe manifestar que en el Partido Popular ha quedado claro que a doña Esperanza muchos se la tenían guardada. Y ello ha quedado claro a tenor de determinadas reacciones y de sus más que significados protagonistas. Y ello, desde una Ana Botella a un Ruiz Gallardón, que ya no sabe qué hacer, qué disparatadas medidas tomar ni dónde “fedellar” para significarse, no pasar inadvertido y no quedar a la cola de su significado padre, que ése sí que era un político de talla.
No hay que olvidar que Gallardón “junior” arruinó al Ayuntamiento de Madrid. Por su parte, la Aguirre ya ha dicho que ella no va a dimitir: “No, no y no”. En esta pertinaz exclamación queda para que claro, diáfano, el aserto aristocrático español de “sostenerlla e non enmendarlla”.
Pero algo está claro: la dirección nacional pepera –que las está llevando por todos lados– ha decidido dejarla sola, porque “ella se lo ha buscado”.

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