¿Boda o funeral?

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Después de cinco años, y antes del epílogo, conviene recordar el principio: nadie puede negar que la mayor expresión ciudadana del último quinquenio, agrupado bajo el eslogan “sí se puede”, se inició en la plaza mayor de Madrid y se extendió por toda España. Era contra de la corrupción (¿recuerdan aquel no hay pan para tano chorizo?) y luego recogió el cabreo de colectivos de maestros, sanitarios, jubilados, parados, precarios y feministas.
Y visto lo visto aceptaron el reto: pasar de las calles a las instituciones y no hará falta recordar que llegaron al Parlamento europeo, al español, a las comunidades autónomas, las alcaldías y las concejalías.
Algunos errores de bulto, deserciones conocidas y enfrentamientos a micrófono abierto, descubrieron cierta falta de profesionalidad y demasiadas utopías. Pero sobre todo tuvieron enfrente a los poderes fácticos que, pronto perdimos nuestra virginidad, y nos enteramos de  que están en  Davos, en el Ibex-35, en la banca, en un alto porcentaje de los medios de comunicación. Esto no es opinión, sino información. Se puede hacer, además, la prueba del algodón: ¿quién está en contra de un salario mínimo que se acerque a mil euros? ¿Quiénes pueden incomodarse de que suban los impuestos a los más cresos? ¿Quiénes pueden enojarse por que la ciudadanía pida una mejor sanidad y que sea pública y gratuita? Todos ustedes tienen la respuesta.
Incluso en Davos, la capital del poder económico –que arrastra a los otros poderes– se reconoció la desigualdad económica, el retroceso de la clase media (la que pagó la brutal crisis que propició un aumento en el número de millonarios) y reconocen que los países tienen que poner en marcha una fiscalidad justa y progresista.
Pero volvamos aquí, al país,  para recoger el relato de los últimos días que pueden acabar en boda (la unión entre Más Madrid y Podemos) o en el funeral que ya tantos celebran. La escapada de Errejón no es un acto altruista sino parte de la pelea que empobrece a Podemos y tampoco es para seguir el ejemplo de Manuela, que desde dentro y con nocturnidad y alevosía entró a saco en el grupo de disidentes de Iglesias, quien tampoco se mantiene “fino” con sus alardes de caudillismo. La pregunta final es: ¿Debía Podemos reforzar la centralización entre las mareas y las confluencias o mantener un esquema de confederación territorial de las izquierdas? La unión, la suma. Recuperar el bloque progresista. ¿Boda o funeral? 
 

¿Boda o funeral?