Nidos y fragmentos

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Jorge Vázquez Carmona ( Barcelona, 1968) y y Juan Fal Fernández (Lieres, Asturias) exponen en la galería Monty4 sus Nidos y Fragmentos, respectivamente; dos obras de estéticas aparentemente alejadas, pero que tienen como denominador común la idea de lo epidérmico. Pieles de entramado o entretejido, semejantes a nidos, en el caso de Carmona, y pieles telúricas o geológicas, por lo que respecta a Juan Fal.

Las grumosas y matéricas densidades de la tierra, con sus formaciones rocosas, sus erosiones y sus grietas motivan las abstracciones del asturiano que se complace en las cálidas y táctiles rugosidades de una corteza de árbol, de un paisaje volcánico, de un ferruginoso sinclinal o de un arenoso desierto; trozos de realidad expresados por la alquimia de la materia pigmentada que cobra espesor y volumen para hacerse sentir viva y en continua metamorfosis; un expresionismo abstracto de ya larga tradición, pero con acentos propios.

En cuanto a J.V. Carmona, que desde 1992, vive en A Coruña, ha elegido como motivo la figura humana, pero construida a base de astillas y trozos de madera, ensamblados a la manera del arte de cestería o, si se quiere, tal como los pájaros construyen su hábitat; resultan así figuras llenas de huecos, con cierto aire de anatomías descarnadas o donde la carne se ha llenado de vendajes, de grietas y de heridas; a veces, de sus cabezas salen disparados los pensamientos como pájaros azules y otras como flechas o espinos que perforan el aire; se trata de criaturas rotas, de pálidas carnaciones que transmiten un sentir de pathos o de entrañado dolor, muy acorde con esta época de antropología en crisis.

En ambos artistas prima la expresividad sobre la intención de la belleza o de la armonía; así que los dos se alejan del concepto de lo apolíneo y apacible, que es la norma de las épocas clásicas, para llevarnos al sentimiento de lucha, a lo laocontiano, que es más característico de las épocas barrocas, tal como ocurre en la famosa escultura de Laoconte y sus hijos.

Se presienten conmociones sumergidas en los paisajes astrales de Fal y se presienten carencias y honduras desapacibles en los cráneos huecos y en los amputados torsos de Carmona; o, al menos, es lo que acierta a ver el comentarista. Los dos hablan de captar la realidad, pero sus realidades artísticas llevan el sello de sus propias subjetividades, a las que la misma materia usada ha servido de cauce.

 

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