La estupidez de unos pocos daña a todos

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Seguro que todavía hay quien se sorprende de que determinadas enfermedades, que se creían absolutamente controladas, como el sarampión se están convirtiendo en un problema de salud pública. Y, en esta ocasión, no hay que mirar al tercer mundo. Ahora, los responsables del rebrote de esta dolencia son esos padres que tienen posibilidad y acceso a las vacunas pero que deciden, por supuesto libremente (también estúpidamente, pero eso es otra cosa), no proteger a sus pequeños. Ahora mismo, Nueva York ha tenido que adelantar la edad de las vacunas del sarampión ante la epidemia que vive la ciudad. Es la primera, pero los expertos aseguran que vendrán muchas más.

La estupidez de unos pocos daña a todos