LA ZONA MIXTA DEL PP

Al igual que en los campos de fútbol funciona una llamada zona mixta por donde van desfilando los jugadores al término del encuentro, el Partido Popular parece haber hecho lo propio con el acceso a su sede principal en la madrileña calle de Génova. Allí, en una especie de zona mixta política y en medio de un barullo notable, se concentran cámaras y micrófonos en espera de que los barones vayan llegando a las grandes citas directivas.
Y allí sucede de todo: desde quienes acceden voluntariamente desapercibidos hasta quienes no dicen nada, pero se detienen para ver si luego salen en los telediarios, y pasando por los más verbalmente incontinentes y ansiosos de protagonismo.
Pero si los momentos previos a las xuntanzas importantes en Génova, 13 resultan de este modo un tanto atípicos, no le van a la zaga las ruedas de prensa posteriores, donde la secretaria general, María Dolores de Cospedal, suele mostrarse esquiva y como a la defensiva ante las preguntas de los informadores. A estos, pues, no les queda otra opción que buscarse la vida por su cuenta para ofrecer una más amplia versión de lo acaecido. Lo cual no quiere decir que llegue a ser la más ajustada.
¿Y qué ocurrió realmente en la reunión del Comité ejecutivo del miércoles? Pues a tenor de las versiones interesadas que han trascendido, poco más se conoce que la recomendación –muy propia– del presidente del partido y del Gobierno, Mariano Rajoy,  para que se hable más de economía y no tanto de cuestiones particularmente sensibles, como la reforma de la ley del aborto.
Sobre esta última controversia parece que el más locuaz de los intervinientes fue el inefable presidente extremeño, José Antonio Monago, que sigue desgranando boutades o sandeces sin cuento, tales como que el derecho fundamental a la vida es una cuestión ideológica; que estamos ante un debate de sentimientos, o que se está obligando a la mujer a ser madre. El hombre no sabe por dónde se anda.
En estas nuestras latitudes, el presidente del PPdeG y de la Xunta, Núñez Feijóo, se viene decantando por una reforma que se acerque en mayor medida a la ley de 1985. O dicho más claramente de lo que él suele hacerlo: por una reforma que recoja expresamente la indicación del aborto eugenésico por taras físicas o psíquicas del feto.
Debería, con todo, precisar algo más, pues no sé si recuerda que, mientras estuvo vigente, este supuesto hizo desaparecer a colectivos de discapacitados perfectamente compatibles con la vida. Por otra parte, tal vez sea excesivo hablar, como él hace, de un consenso social tácito en torno a la ley del 85. Quizás sería mejor hablar de comodidad política.

LA ZONA MIXTA DEL PP

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