Panorama electoral

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Pues parece ser que la gaviota, como ave fénix, renace de sus cenizas y emprende vuelo sideral a la reelección. Nadie lo esperaba. Ni los más viejos del lugar que saben mucho de tsunamis y tormentas en vasos de agua. Ha bastado que accedieran al poder en municipios y comunidades autónomas los antisistemas casposos para que su gobernanza tirase por los suelos previsiones favorables suyas. 
El país ha sufrido una inmensa decepción tras el 24-M por cuanto la política de los vencedores ha consistido en cambiar sectariamente los callejeros, retirar bustos y banderas, mostrar anticlericalismo redomado, radicalidad cultural y fomentar la destrucción de este maravilloso proyecto que es España, incluida la nobleza de la Fiesta Nacional. 
El caso es que Rajoy se fija el objetivo de 140 escaños para ser presidente. Las mareas, podemos, frikis, ahoras y después se han echado a temblar por las estimaciones de votos según el último barómetro del CIS y la encuesta ABC-GAD3. 
Así, para entendernos, estas nuevas castas, llenas de soberbia mesiánica, han confundido la doctrina del mandato representativo por el imperativo. Las urnas los eligieron apoderados con la exigencia de servir a todos por igual y se han transformado en mandamases que benefician a familiares, correlegionarios y amiguetes. En la mezcla explosiva de ideologías no podemos olvidar la empanada que tiene preso al PSOE –hablan de reconocimiento diferencial catalán en oposición a las demás autonomías–, o a Albert Rivera con Ciudadanos que ha perdido brújula y está a verlas venir para apostar por el sol que más le convenga. Los otros son movimientos residuales. 
Sobre la cita de elecciones generales sopla sobre los populares-pese a su brillantísima gestión económica-viento gélido, de ultratumba, pero aquí, en Galicia, sabemos mucho de historias de aparecidos y resurrecciones…

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