Negreira y el epigrama

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Recordarán ustedes que el ínclito alcalde de La Coruña, señor Negreira, tuvo la desaforada idea de comparar los sueldos de los políticos españoles con las asignaciones de los estudiantes becarios. Craso error, que no se le ocurre ni al que asó la manteca. Digan ustedes conmigo que Negreira pudo estudiar con comodidad porque sus padres sudaban la gota gorda en Río de Janeiro. En consecuencia, no tuvo que depender de la corta y mezquina asignación que se le da en España a un becario. Y, desde luego, no viene al caso la disparatada comparación del sueldo de los políticos españoles –bastante altos, por cierto–, con la escasa beca de un estudiante.
Negreira, por ejemplo, cobra más de 65.000 euros y díganme: ¿Qué estudiante tiene una beca de esa cuantía? ¿Por qué Negreira afrenta a la clase estudiantil con semejante comparación? ¿Tiene acaso algún estudiante las prebendas que Negreira añade a su ya “amable” sueldo? ¡Qué ocasión tuvo el alcalde para callarse, en lugar de echar la lengua a pastar! Y es que cada vez que Negreira habla, nos toca las narices a los ciudadanos y me recuerda aquel epigrama de Bretón de los Herreros que dice: “A Juan Arango, pianista de gran fama/le dijo la otra noche cierta dama: /¿No me toca usted nada/que a pasar nos ayude la velada?/Y complaciente, Arango/por tocarle algo, le tocó el fandango”. Por eso y por muchos detalles, la oposición atacó a Negreira por sugerir que los políticos cobran poco. La más dura fue EU: “Se o alcalde se queixa de que os políticos cobran pouco, está claro que o fai porque considera que deberán cobrar moito máis, algo que no PP xa fan a través de sobres e diñeiro negro”. Los socialistas le recordaron que sólo en la ciudad de La Coruña otros 9.500 coruñeses dejaron de cobrar prestaciones en 2013.
Y nos preguntamos: ¿Cuántos políticos dejaron de cobrar? Por su parte, los nacionalistas consideraron un “descaro” las palabras del alcalde, cuando los sueldos de los políticos superan con muchos los salarios medios y buena parte de los ciudadanos pasan hambre.

Negreira y el epigrama