La dimisión de Borrell

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Entre otras cuestiones, la visita del presidente de China, la presencia del rey emérito en los actos del 40 aniversario de la Constitución, en los círculos políticos se habla e incluso se da por hecho que Borrell habría presentado su dimisión como ministro de Exteriores a raíz de la multa de 30.000 euros que le impuso la CNMV por haber utilizado información privilegiada en la venta de un paquete de acciones de Abengoa, empresa de la que era consejero cuando estaba en trance de convocar preconcurso de acreedores.

Borrell no ha negado la operación de la que, por cierto, no obtuvo beneficio directo. De hecho, no llegó a vender acciones suyas. Pero, al margen de la mayor o menor cuantía del beneficio obtenido o de la minoración de las pérdidas, a la luz de lo establecido por la ley, la infracción es evidente: “Todo el que disponga de información privilegiada deberá abstenerse de ejecutar por cuenta propia o ajena, directa o indirectamente acciones o títulos de su compañía” .

Borrell ha reconocido el hecho y no ha recurrido la multa. Se dice que habría presentado la dimisión. A partir de ahí queda abierta la incógnita de si el presidente del Gobierno está en condiciones políticas de aceptar la renuncia de uno de los ministros clave del Gabinete. Clave en la tarea de la política exterior agitada por el asunto de Gibraltar y el tratado del Brexit, y clave, incluso de bóveda, en el jeroglífico de la política interior del Gobierno en relación con el “procés” impulsado por los separatistas catalanes alguno de cuyos dirigentes apoyaron la moción de censura que permitió el relevo de Rajoy. 

A lo dicho se añade la debilidad que aqueja al Gobierno en razón por una parte de la precariedad parlamentaria del PSOE (85 diputados) y por otra por las recientes dimisiones de dos ministros, Màxim Huerta y Carmen Montón. Amén de los casos de otros miembros del Consejo de Ministros señalados por escándalos de diversa naturaleza. De ahí la pregunta del millón ¿puede Sánchez permitirse una nueva dimisión? A juzgar por la pasión de permanencia en La Moncloa acreditada durante los cinco meses que lleva en el poder, la respuesta sería que no. Cosa diferente es que Borrell optara por renunciar. En ese caso, Sánchez no podría evitarlo. No resulta fácil avizorar el desenlace de este asunto, pero está muy cerca.

La dimisión de Borrell