Lo mejor, elecciones

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No me extraña que cada vez sea mayor el número de españoles que se desentiende de la política llegando en muchos casos a confesar que detestan a los políticos. Es un estado de opinión que debería preocuparnos porque llevamos poco más de cuarenta años de democracia y venimos de dónde venimos. La decepción parte de una evidencia: la política es de vuelo bajo, ratonera incluso. De pequeño cabotaje sembrado de presuntas astucias que delatan el interés partidista que arrincona los intereses del común. 

Llevamos meses de bloqueo político intencionado. A la espera de rendiciones incondicionales o de la satisfacción de ambiciones desmedidas. Una leva de políticos egocéntricos copan las cúpulas de los partidos. Algunos comparecen bulímicos de poder y de imagen; a otros les puede la soberbia de quienes se creen los elegidos no se sabe para qué. Cada día que pasa se distancian más de aquellos a quienes dicen representar. No hay luces largas en sus proyectos. Todo es tactismo. Y mientras tanto las circunstancias internas y externas van tejiendo un horizonte dominado por la incertidumbre. En España medio año después de las elecciones seguimos con un Gobierno en funciones y, por lo tanto, limitado en sus atribuciones. Y eso sucede en puertas de una Diada calentada por los activistas del separatismo y en vísperas de conocerse la sentencia contra los políticos acusados por gravísimos presuntos delitos de rebelión o sedición.

Y de fuera se escuchan voces alertando ante lo que podría ser un nueva crisis parecida a la que nos dejó tiritando en 2008. Las comunidades autónomas reclaman partidas que se les adeudan para poder hacer frente a pagos inaplazables, pero el dinero no llega. El Gobierno se escuda en su provisionalidad y la cosa se estanca. Y no pasa nada. 

O sí pasa porque como decía, cada día crece el volumen del desafecto hacia una clase política que va a lo suyo. Que han estado sesteando con el Parlamento en penumbra, pero cobrando y desde la moción de censura prácticamente llevan 15 meses en el dique seco. Los ciudadanos procuramos hacer nuestro trabajo. A ellos no hay otra forma de pasarles factura por no estar a la altura de las necesidades del país que cuando se abran las urnas. Que, tal y como están las cosas, sería lo recomendable. Ir a elecciones y votar tras reflexionar acerca de lo que está pasando y de la responsabilidad de quienes nos han conducido hasta aquí.

Lo mejor, elecciones