El espíritu de un héroe

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JOSÉ Manuel García-Margallo, ministro de Asuntos Exteriores en el anterior Gobierno de Rajoy, era un hombre que proyectaba dos imágenes. De puertas adentro, sus compañeros del PP lo tenían por un hombre con una desmedida ambición, especialista en la zancadilla para conseguir el quítate tú para ponerme yo; en cambio, de puertas afuera, pasaba casi por ser un lord inglés, nunca perdía las buenas formas y gracias a haber viajado por las cancillerías de medio mundo y haber leído mucho, transmitía la imagen de ser culto y simpático, vamos, que no parecía un ministro. Ahora, ya fuera del Ejecutivo, cultiva otra personalidad, la de recitador de sus memorias. Se ha pasado por la tele y ha proclamado que Israel y Escocia no reconocieron a Cataluña –¡qué casualidad!, tres territorios famosos por la escasa tendencia de sus aborígenes a gastarse la pasta– gracias a él. Como siga dándoles a la lengua, el día que publique un libro con sus andanzas por el mundo, no lo compra nadie.

El espíritu de un héroe