Y AHORA, ¿QUÉ?

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En este rincón de nuestro periódico se vino diciendo por activa y por pasiva: cuidado con Bárcenas, que va a dar muchos quebraderos de cabeza. Pues bien, ahí están. El juez Ruz ha contradicho lo que Rajoy aseguró en relación con entregas de dinero que están documentadas con facturas, fechas y cuantías con los apuntes de los papeles de Bárcenas.
En febrero Rajoy dijo: “En el PP no se pagan cantidades que no hayan sido registradas en la contabilidad del partido ni que de cualquier otra manera resulten fiscalmente opacas”. Pero ya ha venido el tío Paco con la rebaja, léase el juez Ruz, en los siguientes términos: “Se confirman los indicios de la presunta existencia en el PP de cierta corriente financiera de cobros y pagos continua en el tiempo, al margen de la contabilidad remitida por el partido al Tribunal de Cuentas”. Pero hay más: el magistrado ha convocado a declarar como imputado al arquitecto que remodeló la sede nacional de los peperos. Ruz sostiene que los pagos en dinero negro al arquitecto eran parte de una contabilidad B “continua en el tiempo”.  
Lo malo de toda esta zarandaja no es que Rajoy y Cospedal mientan, sino que los medios de comunicación del mundo se han hecho eco de estas trapisondadas, con lo cual la Marca España ha quedado hecha unos zorros. Al final, al arquitecto Urquijo se le han pagado en negro más de 1 millón de euros. Según el juez, esas cinco operaciones no figuran en la contabilidad oficial del PP entregada a la Audiencia Nacional. O sea, que en febrero ante los peperos y en agosto en el Congreso, a Rajoy debió crecerle la nariz, como a Pinocho. Una de dos. O mintió con ignominia, o sus asesores áulicos se la metieron doblada.
También Cristóbal Páez aseguró ante el juez que había sido testigo de pagos con fajos de billetes en Génova. Por un enjuague parecido dimitió Kohl de la presidencia de la CDU en 1998. Rajoy debe una aclaración a España: su palabra está en entredicho.

Y AHORA, ¿QUÉ?