PRIMAR LA CALIDAD

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Encuestas y barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) suelen ser mal leídos y peor interpretados. De tales consultas, los medios de comunicación destacan sobremanera la valoración de los dirigentes políticos, aunque pueda darse la paradoja de que por eso de las medias y los coeficientes de ponderación un casi perfecto desconocido a nivel nacional ocupe puestos destacados en el ranking de los mejor valorados.

Es el caso, por poner un ejemplo, de la diputada navarra por Geroa Bai, Uxue Barkos, quien aun desconocida por casi el 75 por ciento de los entrevistados, ha resultado ser el tercer líder mejor valorado en la reciente encuesta postelectoral del CIS.

Este estudio ha venido a coincidir en el tiempo con la publicación del barómetro de marzo, que dedica buena parte de sus preguntas a la situación de la enseñanza, parcela ésta que después de treinta y tantos años de desarrollo autonómico pasa por ser gestionada por el Estado –y no por las comunidades autónomas– a juicio de un todavía despistado 34,3 por ciento de la muestra.

Habrá que reseñar también que sólo un tercio de los españoles cree que el funcionamiento de la enseñanza es mejor que hace diez años, frente al 40,5 por ciento que lo estima como peor. ¿Por qué? Entre las causas más citadas en primer lugar, se señala la falta de medios materiales y profesionales (22,1 por ciento) y la poca exigencia académica a los alumnos (18,7 por ciento). Y entre las consignadas en segundo lugar destaca en cuarta posición la insuficiente disciplina en los centros.

Lo más significativo de la encuesta son, sin embargo, las actuaciones que los entrevistados proponen para revertir la situación. Y lo digo así porque mientras la izquierda política, pedagógica y mediática pone el acento en aspectos que poco tienen que ver o que no son menos decisivos de lo que se piensa para la adquisición de competencias por parte de los muchachos, como la ratio alumnos/profesor y el gasto educativo por alumno, el ciudadano de a pie parece pensar muy otra cosa.

Parece pensar, según este estudio del CIS, en aspectos que inciden mucho más significativamente en la calidad de la educación. Y entre los remedios más citados destacan la necesidad de mayores niveles de conocimiento (recurso mayoritariamente citado en primer lugar), la mejora de la formación y condiciones laborales del profesorado, la introducción de incentivos para los buenos estudiantes y la implicación de las familias en la educación de los hijos.

En el sentir del ciudadano de a pie consultado ocupan posiciones sensiblemente más discretas la atención personalizada, la incorporación de las nuevas tecnologías y la mejora en el aprendizaje del inglés. Algo, en definitiva, que no se corresponde –una vez más–con lo políticamente correcto.

 

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